lunes, 27 de julio de 2015

Sobre Sanidad… desde el recuerdo 32 años después.

Artículo dirigido para la Revista de Feria del 2015 de Conquista, población en la que inicié mi ejercicio profesional en el año 1979.

En la revista de feria del año 1983 participé con un artículo titulado “Sobre sanidad local…” en el que hacia un análisis de la situación sanitaria de la población de Conquista tras cerca de cuatro años como médico titular en la misma. En él exponía los cambios positivos conseguidos (reforma y dotación de material del consultorio, apertura de una oficina de farmacia, regulación automática de la cloración del agua, etc.) así como las deficiencias aún por solventar entre las que se encontraba la necesidad de un “sistema de recogida de basuras y control en el vertido de las mismas”, como vemos todo ello muy básico y primordial, ya que las condiciones en las que desarrolle mi actividad profesional en esta localidad, desde noviembre del 1979 a Septiembre de 1983, puede decirse que fueron muy pobres en los aspectos materiales  aunque inmensamente ricas en lo humano. Todas las carencias y angustias surgidas de las mismas así como por mi propia inexperiencia fueron compensadas por el afecto y la “entrega incondicional” que los “conquisteños” me ofrecieron, lo que hizo no solo llevadera una situación de por sí bastante estresante (escasos medios, aislamiento geográfico y profesional, servicio ininterrumpido las veinticuatro horas del día los siete días de la semana, inexperiencia, etc.) sino que se convirtió en un crisol de donde salió el médico en el que me convertí. Por todo ello guardo un grato recuerdo y agradecimiento de aquellas personas que se convirtieron en mis primeros pacientes y en los primeros casos a los que tuve que enfrentarme y solucionar como buenamente pude.
Aunque con los recuerdos ocurre igual que con las joyas que son difíciles distinguir las verdaderas de las falsas, éstos son algunos de los que conservo.                                                          
Mi primer día de consulta al terminar cerca de las cuatro de la tarde salí a la puerta de la casa del médico a despejarme un poco y allí estaba Alfonso (diagnosticado de esquizofrenia), con su mirada perdida en el infinito para preguntarme si me iba a quedar en el pueblo. Le respondí que si las consultas iban a durar lo mismo que ese día me marcharía. Al día siguiente al finalizar la consulta y salir, estaba esperándome con una sonrisa para afirmar con gesto alegre: “Se queda, pues hoy ha terminado antes”. Le confirmé que efectivamente me quedaba. Recuerdo a su madre con ojos pequeños y brillantes siempre preocupada por su hijo y las dificultades por las que ambos pasaban para acudir a la cita del Psiquiatra en Córdoba, saliendo de madrugada en el coche de línea y cuando llegaban, la consulta que era a primera hora y de tipo “ambulatorio”, ya había finalizado teniendo que hacer noche en Córdoba y regresar al día siguiente a su casa. Todo un calvario para una anciana y su hijo enfermo mental.                                                                                                                                       
 Una abuelita dulce y encantadora, lamento no recordar su nombre, que vivía frente al cuartel de la Guardia Civil, fue la receptora de mi primera inyección intravenosa como tratamiento de un cólico biliar. Salió perfectamente, mejoró el dolor, ella quedó encantada y yo lleno de satisfacción al superar la prueba sin que se notara mi bisoñez.                                                             
Recuerdo a “Fafa” siempre de un lado para otro arrastrando su pie torcido y deformado; a Isabelita embutida en su bata y pidiéndome la receta de los sobres para “hacer refresco para comer”.  A Rosario viuda de guerra y con una hija (Artura) deficiente mental que a pesar de vivir en la más extrema pobreza me obligaba a aceptarle las 25 pesetas que me daba cada vez que iba a consulta. Con el tiempo aprendí que suelen ser más generosos quienes menos tienen.                                                                                                                                                             
La primera persona cuya muerte tuve que certificar fue la de Francisco Santiago que vivía en el Barrio de la Estación, afectado de tetraplejia que lo mantenía inmovilizado y con quien mantuve una breve pero intensa relación. En nuestras largas charlas, admiraba la entereza ante su enfermedad. Tenía una familia encantadora con algunos de sus hijos aún pequeños. Me quedé con ellos en su casa la noche de su defunción.                                                                             
Mi primer levantamiento de cadáver se produjo una fría noche en la que encontraron a Agustín en medio de la dehesa después de varios días desaparecido. Lo recuerdo siempre triste, cansado y solitario. Fue un hecho lamentable con el que aprendí las carencias e incompetencia de los aspectos judiciales y forenses en nuestro país.                                            
Un éxito diagnostico que me produjo quebraderos de cabeza fue cuando diagnostique y comunique varios casos de triquinosis en una familia que había consumido alimentos elaborados con animales cazados furtivamente y sin pasar los controles sanitarios correspondientes. Desde la Dirección Provincial de Salud me “riñeron” por no haberlos declarado de forma urgente, cosa que ignoraba; y el veterinario titular por haberlos declarado, lo que le suponía la obligación de buscar restos de alimentos y hacer los análisis correspondientes, es decir, tenía que hacer su trabajo, algo que, al parecer, le  molestaba. Una actuación que podía haber sido objeto de un brillante artículo en una revista científica solo sirvió para recibir reproches. Cosas de la inexperiencia y de la falta de ambición.                                                                                                                                                                             
Puedo decir que al menos salve una vida, cuando en la madrugada de navidad me despertaron unos golpes en la puerta y gritos. Al abrir me encontré con Antonio que sangraba a chorros por la muñeca como consecuencia de un corte que le había seccionado la arteria radial. Tras unos momentos de duda al no saber qué hacer, se me ocurrió usar el manguito del tensiómetro como instrumento hemostático comprimiendo el antebrazo  cortando la hemorragia. Durante el traslado, que duraba dos horas, cuando el dolor se intensificaba por la isquemia, lo que ocurría cada 15-20 minutos, desinflaba el manguito durante unos segundos evitando daños permanente por isquemia prolongada que podría haber supuesto la pérdida de la mano. Había que suplir con ingenio la escasez de medios. Esa noche viajamos en el taxi hacia el hospital cuatro antonios: el chofer, el herido, su  padre y el médico, todos nos llamábamos Antonio. Aunque el anecdotario sería interminable lo dejo aquí para no cansar a los lectores.      
Los avances en el Sistema Sanitario español en aquellos años fueron transcendentes al coincidir la transición democrática en nuestro país con la Declaración de Alma-Ata celebrada en 1978 en la que participaron los representantes de la Organización Mundial de la Salud de 134 países y donde se declaró la salud como un “derecho fundamental del ser humano”. Curiosamente en 1983 el eslogan del Día Mundial de la Salud (7 de abril) fue “Salud para todos en el año 2000: ¡La cuenta atrás ha comenzado!”, el hecho de que la cuenta atrás se suponía había comenzado cinco años antes junto a que entre los firmantes de la histórica Declaración estaban los delegados del Haiti de Bébé Doc, de la Uganda de Idi Amin, de la República Centroafricana de Bocassa, por mencionar solo algunos representantes de regímenes criminales que “consideraban que Salud para Todos en el 2000 era un objetivo realista”, parecía una broma de mal gusto cuando sus poblaciones morían a consecuencia de la represión y el hambre, haciendo poco creíble su realización en la práctica. Una declaración mas de buenas intenciones a las que tan acostumbrados estamos como ocurre con las medidas para frenar el cambio climático y tantas otras.                                                                                                            
Pasados 32 años de aquella Declaración y 15 de la fecha en la que se suponía una mejora drástica en las condiciones de salud de la población mundial e incluso algunos optimistas predecían la eliminación de la mayoría de los canceres, así como de las enfermedades cardiovasculares, los datos nos muestran que nos dirigimos por el camino equivocado pues no solo no hemos mejorado la salud de los llamados países del tercer mundo sino que en los desarrollados como el nuestro, la implantación de políticas austericidas por los diferentes gobiernos de turno a las ordenes de los poderes económicos están provocando un deterioro acelerado de las mejoras en salud alcanzadas. Como ejemplo tenemos algunos datos demoledores acerca de la realidad social española e internacional: Dos millones y medio de niños en riesgo de pobreza (Cáritas), es decir, 3 de cada 10 niños, mientras los programas de apoyo a las familias representan en España el 1% del PIB, en comparación con el 2% de la media de la UE. La pobreza, especialmente la pobreza infantil, es un determinante clave de la salud poblacional.                                                                                                                                                                                
En 2013, el Instituto de Medicina (IOM) de EE.UU. publicó un informe “Salud en EE.UU. una perspectiva internacional: Vidas más cortas, peor salud”. El informe estudia los factores de mortalidad, comprobando que se sustentan en el sistema político: la pobreza, la desigualdad de rentas, la baja condición social, el estrés o la epigenética (factores sobre el genoma que están influenciados por factores ambientales y que se transmiten de  generación en generación), es decir todo lo que hoy se está agravando en los países afectados por las políticas neoliberales. De acuerdo con la OMS (Organización Mundial de la Salud) para 2030 habrá un incremento en la incidencia del cáncer del 55%, a lo que tenemos que añadir las enfermedades infecciosas como el SIDA, el rebrote de la tuberculosis o el Ébola, las cardiovasculares a pesar de todos los esfuerzos en “prevenir” los famosos “factores de riesgo”. En definitiva un negro panorama que nada tiene que ver con las perspectivas optimistas que celebrábamos hace 32 años.
Me parece de justicia terminar estos recuerdos manifestando mi agradecimiento a todas las personas que hicieron de “conejillos de india” en el laboratorio en que Conquista se convirtió para que se plantasen los cimientos de mi formación médica, y de manera explícita al que entonces era su alcalde José Redondo, siempre dispuesto a escuchar mis sugerencias e intentar ayudarme en su implantación (teléfono en la casa y consulta del médico, estufas en la consulta y sala de espera, etc.), a su hermano Juan y su esposa, mis vecinos siempre dispuestos a ayudarnos, a Juan “Camarita”, a Martiniano, a Alfonso de la Caja de Ahorros, A Tomas de la Cámara agraria, a Agustín y Vicenta, su mujer, por el enorme cariño que le tenían a mi hijo Antonio, el único de los tres 100% conquisteño, a Pedro el cartero, a Pepín el sacristán, al Sr. Vigorra, secretario del Ayuntamiento que con ocasión de un intento de pagarme por una atención recibida y ante mi negativa me dijo unas palabras proféticas: “Usted se irá de aquí con muchos amigos pero con poco dinero”. Efectivamente, para mi alegría, así fue.                     
Entre éstos y con los que he seguido manteniendo contacto se encuentran Juan Gutiérrez, con quien compartí largas disquisiciones filosóficas y a quien agradezco sus reseñas sobre mí en los escritos sobre Conquista y que me haya permitido participar con este artículo, Sebastián Cortés que fue alcalde cundo yo me marché y con quien mantengo una estrecha amistad, Eugenio Pizarro, eternamente joven, con un recuerdo entrañable para Josefa, su madre y Francisca, su hermana por el cariño que le tenían a toda mi familia. Sin olvidar a los amigos que venían en vacaciones por encontrarse fuera y que me abrían una ventana al mundo como Coli, su hermana Miky y el bueno de Félix ; Manuela y Daniel cuyo hijo Jero, con sus episodios de amigdalitis pultácea nos preocupaba a sus abuelos y a mí, hoy convertido en un gran músico y cantante. A todos ellos y al resto de las casi 600 personas con las que conviví durante cerca de cuatro años, muchas gracias. A los actuales habitantes y/o visitantes les deseo que lo pasen bien y sean felices durante las fiestas y lo continúen siendo cuando terminen.                        

Córdoba 25 de julio de 2015

Antonio Pintor Álvarez (Médico jubilado)

martes, 16 de junio de 2015

La importancia del contexto en la conducta humana y su relación con la corrupción política

En agosto de 1971 el profesor de psicología en la Universidad de Standford Philip Zimbardo realizó lo que se conoce como el Experimento de la Prisión de Standfor (EPS) cuyo objetivo era evaluar la medida en que las características externas de un entorno institucional podían imponerse a la disposición interna de quienes vivían en ese entorno, es decir, una disposición buena, o lo que es lo mismo, buenas personas, enfrentaban a una situación malvada.
Para su realización se adaptaron los sótanos de la facultad de psicología para simular una cárcel en la que tras un sorteo un grupo de estudiantes previamente seleccionados por no presentar ningún problema de salud harían de presos y otro de carceleros. El ensayo se diseñó para una duración de dos semanas, no obstante hubo que suspenderlo a los seis días por los efectos tan rápidos y dramáticos que la situación produjo en los participantes. Resumiendo, un grupo de jóvenes estudiantes sanos e inteligentes formando parte de un experimento, a los que de forma azarosa se les adjudica  el papel de “guardianes de prisión”, sacan su lado salvaje y maltratan de tal forma a los compañeros que les tocó hacer el papel de “presos” que obliga a los investigadores a suspenderlo a los seis días.
Con esta investigación se puso de manifiesto la importancia de la situación (el contexto) en nuestra conducta. Estos resultados obtenidos de manera experimental en un “laboratorio” han sido confirmados en situaciones de la vida real en múltiples circunstancia, siendo el caso más reciente de los conocidos lo ocurrido en la prisión iraquí de Abu Ghraib, donde militares de reconocida buena conducta en su trayectoria profesional infligieron castigos y humillaciones denigrantes a los presos, algo difícil de explicar si no tomamos en consideración la situación en que se produjo y el funcionamiento del sistema penitenciario militar de EEUU y nos fijamos sólo, como es lo habitual, en la personalidad de los autores.
Aunque con el EPS se puso en evidencia la fuerza que sobre la disposición o personalidad tienen variables externas como la situación o contexto dentro de un tipo de sistema a la hora de inducir “conductas malvadas”, también puede servirnos a la hora de analizar y explicar los factores que favorecen “conductas corruptas” donde su influencia seguramente es mayor al conllevar beneficios personales y tratarse de una “maldad de guante blanco” que hace más fácil la racionalización como mecanismo  autojustificador.
Estos estudios demuestran el frecuente error de atribución que sitúa en las cualidades interiores de la persona la principal fuente de sus actos y nos propone que demos más importancia de la que solemos darle a los procesos situacionales y sistémicos  a la hora de explicar conductas aberrantes e inesperados cambios de personalidad.
La conducta humana siempre está sujeta a fuerzas situacionales que se engloban dentro de otro contexto macroscópico más amplio que suele ser un sistema de poder diseñado para sustentarse a sí mismo.
Como decíamos los análisis que habitualmente se hacen a la hora de explicar conductas reprobables se centran en la persona como único agente causal, dando lugar a las famosas “manzanas podridas” con las que suelen concluir las explicaciones y, lo que es peor, las investigaciones, minimizando o pasando por alto el impacto de las variables situacionales y los factores sistémicos que conforman la conducta y transforman a las personas.
Podemos decir que los “sistemas corruptos” crean “situaciones corruptas” que llevan a “conductas corruptas”, haciendo posible que “buenas personas” se conviertan en “manzanas podridas”.
Con este planteamiento no pretendo en modo alguno eludir la responsabilidad y culpabilidad de quienes cometen fechorías o actos de corrupción sino ampliar el punto de vista causal a la hora de realizar un diagnóstico para que en la aplicación del tratamiento o soluciones no se nos queden atrás factores relevantes que debemos tener en cuenta y sobre los que hemos de actuar si queremos una “cura radical” del mal de la corrupción en nuestra sociedad en general y en el sistema político en particular y no quedarnos en la “cura paliativa y sintomática” de eliminar la “manzana podrida” sin actuar sobre el “cesto” (situación) o los “mimbres” (sistema) o mejor aun sobre los “hacedores de cestos podridos” como son los centros del poder económico y financiero.
El Sistema político y social en el que nos encontramos en nuestro país podemos etiquetarlo de corrupto sin paliativos, solo tenemos que ver los resultados de las recientes elecciones municipales y autonómicas en las que políticos con demostradas responsabilidades, al menos a nivel político, en casos de corrupción han vuelto a obtener un importante apoyo electoral e incluso ser el más votado en muchos casos. Ejemplo paradigmático lo tenemos en la ciudad de Madrid, un municipio podrido por la corrupción con altos cargos del Partido Popular encarcelados y cuya “responsable política” de todo ello consigue la mayoría; algo similar ocurre con el PP en Valencia cuyo subdelegado del gobierno acaba de ser detenido y encarcelado y Baleares cuyo presidente, del PP, está en prisión. En  Andalucía es el PSOE el que protagoniza la corrupción con los ERES y los cursos de formación y vuelve a ganar las elecciones en la Comunidad, etc. En Córdoba, donde el alcalde del PP, José A. Nieto, sancionado por el Banco de España por su participación en Cajasur por infracciones muy graves y a pesar de no haber sido capaz de superar la condición que se autoimpuso  para volverse a presentar, que era disminuir el número de parados en la ciudad, no cumple su palabra, se presenta y obtiene la mayoría. Es evidente que la mentira y la corrupción en nuestro país no les pasan factura a los políticos, y cuando lo hace es tibiamente.
La cara positiva, la tibieza de que hablaba, es que el Partido Popular, donde la corrupción llega hasta la médula del propio partido ha perdido votos con respecto a las anteriores elecciones de manera que las mayorías son  simples y no absolutas, por lo que probablemente pierdan el gobierno en Ciudades y Comunidades que hoy están bajo su dominio, salvo que alguna operación de transfuguismo, nada improbable en nuestro entorno, o la intransigencia y el desencuentro de la izquierda lo impida.
En nuestra sociedad es obvio que, al igual que la pobreza y el hambre, la corrupción no provoca el rechazo por parte de la mayoría de los ciudadanos, siendo algo que se rechaza en el plano teórico, al no estar bien vista desde el hipócrita código moral que practicamos, pero en realidad no nos afecta emocionalmente y digerimos con bastante facilidad ver cómo millones de personas mueren de hambre o viven en extrema pobreza en un mundo de superabundancia, o apoyar partidos, grupos o personas altamente sospechosas o de probadas prácticas corruptas, sea en la política, los negocios, las instituciones, los “amigos”, etc. Estamos afectados por una “ceguera ética” que nos lleva a la defensa del sistema y su código moral por lo que acabamos siendo muy “moralistas” pero “poco éticos”.
Necesitamos apostar por una sociedad donde la ética sustituya a la “moralina” pro-sistema, lo que implica la necesidad de ser “anti-sistema”, y en consecuencia tener que hacer un esfuerzo pedagógico importante dado las connotaciones negativas que el término suscita gracias a los medios de “des-información” convertidos en voceros de las elites corruptas del sistema que les paga y defienden.
La buena noticia de los experimentos y acontecimientos históricos nos la da el porcentaje de personas que, aunque minoritario, suelen rebelarse ante situaciones injustas e indignas poniendo de manifiesto que, a pesar de su importancia, no somos esclavos del poder de las fuerzas situacionales.
Podemos aprender de ellos y diseñar métodos para resistirnos y oponernos de manera que puedan servirnos para formar a los ciudadanos y posibilitar que esta minoría crezca.
Un buen comienzo sería aplicarnos una cura de humildad y, basándonos en los descubrimientos científicos que nos muestran que la mayoría de las personas pueden ser sometidas por las fuerzas situacionales,  rechazar la vieja ilusión de la invulnerabilidad personal expresada como ¿Ellos? Si; ¿Yo? ¡Ni hablar!
Aunque las diferencias individuales son loables y afortunadamente no todos los que se dedican a la política lo hacen buscando su beneficio personal los datos nos dicen que ante unas fuerzas situacionales poderosas las diferencias desgraciadamente se reducen. Por desgracia esas fuerzas hoy apuntan y favorecen las conductas corruptas.
Philip  Zimbardo en su libro “El efecto Lucifer” realiza una exhaustiva revisión del experimento y los acontecimientos históricos relacionados con el mismo y nos ofrece un decálogo para resistir influencias no deseadas, que expongo brevemente:
 - Aceptemos el dicho de que “errar es humano” y seamos capaces de reconocer nuestros errores, primero ante nosotros mismos y después ante los demás, como forma necesaria para corregirlos.
- Debemos estar atentos, especialmente ante situaciones nuevas, para evitar actuar tontamente por falta de atención y utilicemos un “pensamiento crítico” exigiendo a nuestros interlocutores que las afirmaciones se sustenten con pruebas.
- Asumamos la responsabilidad de nuestras decisiones y nuestros actos. La obediencia a la autoridad será menos ciega en la medida en que seamos conscientes de que la dilución de la responsabilidad no hace más que disfrazar nuestra complicidad personal en la realización de actos dudosos, con ello reduciremos nuestra conformidad con normas antisociales como las que se están aplicando en nuestro país. A modo de guía que nos oriente, imaginemos un futuro en el que nuestros actos de hoy se sometan a juicio y no se acepte el pretexto de que “nos limitábamos a seguir órdenes” o de que “todo el mundo lo hacía”.
- Reafirmemos nuestra identidad individual no permitiendo que nadie nos desindividúe, nos categorize o nos encasille convirtiéndonos en un objeto. Actuemos para cambiar toda situación social que fomente el anonimato como forma de diluir la responsabilidad o utilice estereotipos negativos.
- Respeto a la autoridad justa pero rebelarse ante la injusta. No a la obediencia ciega a la autoridad ni aunque ésta sea “divina”. Como dijo Howard Zinn: “Históricamente las cosas más terribles (guerras, genocidios, esclavitud) resultaron no de la desobediencia, sino de la obediencia”.
- El atractivo de ser aceptado en un grupo social al que se desea pertenecer hace que algunas personas sean capaces de cualquier cosa para ser aceptadas, llegando aún más lejos para evitar ser rechazadas. Las presiones para que “actúen en equipo”, a veces sacrificando su ética personal en bien del grupo son muy poderosas y debemos tenerlas en cuenta para valorar su idoneidad.
- Estar atento a las formulaciones o manera de enmarcar una cuestión, que suele tener más influencia que cualquier argumentación persuasiva que se pueda dar en torno a ella.
- Equilibrar la perspectiva del tiempo, pues cuando no tenemos en cuenta nuestros compromisos pasados y nuestras responsabilidades futuras es fácil caer en las tentaciones situacionales.
- No sacrificar libertades personales o civiles por la ilusión de seguridad. Estar alerta cuando desde las instancias del poder se nos promete la seguridad personal y nacional al precio de un sacrificio colectivo de las leyes, la intimidad y las libertades, suele ser la puerta al fascismo incluso en sociedades en principio democráticas. “Ley mordaza” y sus posibles consecuencias.
- “Podemos y debemos oponernos a sistemas injustos” La historia está plagada de actos individuales de heroísmo contra poderosos sistemas injustos que acabaron derrumbándose.
Considero este decálogo como base sobre la que construir un pensamiento crítico, que empezando por uno mismo e intentando generalizarlo hasta el sistema educativo, si ello fuera posible, nos sirva de herramienta para construir un dique de protección a la riada de desinformación y deformación intelectual que los medios actuales, con la TV a la cabeza, hacen y podamos construir una sociedad de ciudadanos libres que hayan recuperado la capacidad y el disfrute de pensar por ellos mismos frente a la situación actual de alienación y aceptación acrítica de lo que les llega a través de los centros de poder.



jueves, 28 de mayo de 2015

Elecciones: de los compartimentos estancos pre-electorales a los vasos comunicantes post-electorales

Resulta curioso observar a los políticos opinando sobre las posibles alianzas post-electorales y ver como lo que hace unos días, antes de las elecciones, las posiciones de unos con respecto a otros eran barreras infranqueables que hacían difícil, cuando no imposible, plantear acuerdos o pactos a la hora de gobernar, ahora no lo son tanto, es más, parece que el dique de separación se ha derrumbado completamente. Como ejemplo paradigmático tenemos a la candidata a la alcaldía de Madrid por el Partido Popular que ha pasado de insultar públicamente sin reparos al candidato del PSOE acusándolo de mentir y de querer obtener la alcaldía a cualquier precio  a decir que tiene un programa que comparte y ofrecerle su apoyo para que sea el alcalde de la ciudad.
¿Cómo explicar este divorcio entre el antes y el después electoral?
Quizás puedan sernos útiles algunas ideas en relación con la manera de actuar en los dos tipos de situaciones que se dan ante los problemas cotidianos y la importancia del contexto. En lo que respecta a las situaciones, nos encontramos con que por un lado se dan situaciones deterministas, que son aquellas en las que sólo existe una solución  correcta, y todas las demás respuestas son falsas.
Al encontrar la solución correcta – “la verdad”- yo me sitúo en lo que se denomina “toma de decisión verídica”. Ej. ¿Cuál es el nombre de mi hija? ¿Cuánto es cinco más seis?, ¿Cuál es el rio más largo del mundo? ¿Cuál es la capital de España? etc.
 Son situaciones en las que, como en los problemas que nos ponían en la escuela, debemos encontrar la respuesta correcta,  la pregunta es clara y nosotros debemos encontrar la única respuesta válida.
 Pero la mayoría de las situaciones de la vida real, fuera del ámbito de los problemas técnicos restringidos, son intrínsecamente ambiguas. La respuesta está oculta y, lo más interesante, es que también lo está la pregunta. Nuestros objetivos en la vida son generales y vagos, y nuestros intereses cambian con la situación. El mundo en el que vivimos es ambiguo, de manera que si exceptuamos los exámenes en nuestro periodo estudiantil y las trivialidades fácticas y computacionales, la mayoría de las decisiones que tomamos en nuestras vidas cotidianas no tienen soluciones intrínsecamente correctas, por lo que las elecciones que hacemos no son inherentes  a las situaciones que se nos presentan, pudiendo haber hecho otras. Ej. ¿Qué chaqueta voy a ponerme hoy? ¿Qué cenaré esta noche? ¿Dónde iré de vacaciones? ¿Qué cualidades debe tener mi pareja? etc.
Las elecciones realizadas son un intercambio complejo entre las características de las situaciones y nuestras capacidades, nuestras aspiraciones, nuestras dudas y nuestra historia, en definitiva lo que llamamos nuestra “personalidad o disposición”, siendo la corteza prefrontal y su correcto funcionamiento fundamental para tal toma de decisiones, puesto que es la única parte del cerebro donde los inputs que proceden del interior del organismo convergen con los inputs procedentes del mundo exterior.
Encontrar soluciones para situaciones deterministas es algo que puede hacerse por vía algorítmica de manera que cada vez se delega más en aparatos: calculadoras, computadores, directorios de todo tipo. Pero hacer elecciones en ausencia de soluciones intrínsecamente correctas sigue siendo, al menos por ahora, un territorio específicamente humano en el que intervienen de manera importante las emociones a través del mecanismo, descrito por A. Damasio, del “marcador somático”. Este tipo de soluciones se denominan “toma de decisiones adaptativas” y son las que se dan en las decisiones de interacción social, en las que hay una ausencia de verdades absolutas algorítmicamente compatibles, a diferencia de las decisiones técnicas o deterministas.
 Resolver la ambigüedad o “desambiguar la situación” en la jerga científica, significa a menudo elegir primero la pregunta, es decir, reducir la situación a una pregunta que tiene una única respuesta correcta.  Al escoger la chaqueta que me voy a poner tengo que decidir que pretendo con el uso de la misma (abrigarme, ir a la moda, impresionar a los demás, no dar la nota, etc.) y en función de ello decidiré cual de las chaquetas que poseo es la más adecuada.
La forma precisa en que “desambiguo la situación” depende de “mis prioridades e intereses en ese momento”, que pueden cambiar  y de hecho cambian y mucho “dependiendo del contexto”. Es importante el que un individuo tenga flexibilidad para adoptar diferentes perspectivas sobre la misma situación en diferentes momentos.
La persona debe ser capaz de “desambiguar” la misma situación de múltiples maneras, y tener la capacidad de cambiar entre ellas a voluntad en función de las circunstancias.
En resumen las decisiones verídicas tratan de “encontrar la verdad”, y las decisiones adaptativas y centradas en el actor tratan de escoger “lo que es bueno para mí y los míos” y su base cerebral son los lóbulos prefrontales.
  Pues bien, aclarados los conceptos anteriores, en los que se encuentran las claves para hacer una hermenéutica de la dualidad teórico/practica en el ejercicio de la política en particular y en las actividades cotidianas en general, pasemos a ver lo que, en mi opinión, ocurre en la práctica política.
Antes de las elecciones los debates se centran en las ideologías, programas y conductas de los diferentes grupos políticos, resaltando las diferencias, ya que ello es la razón de ser de cada uno. Son auténticos compartimentos estancos donde se nos hacen ver, y sobre todo se autoconvencen, de la imposibilidad de confluir dadas las ¡enormes diferencias! que los separan. Aunque se trate de una situación adaptativa y por lo tanto ambigua, a la hora de desambiguarla en el contexto pre-electoral prima un tipo de interés centrado en la necesidad de diferenciarnos de los demás para captar el máximo número de votos y nos hacemos la pregunta en función de ello, para la cual analizamos documentos y/o hechos y en caso de fijarnos en las personas lo hacemos en los dirigentes,  los comparamos centrándonos en las diferencias pues presuponemos que quienes acuden de manera independiente es porque no hay similitudes suficientes para confluir, con lo que conseguimos que, como si se tratara de una situación determinista solo haya una respuesta correcta. Las preguntas son concretas y claras y las respuestas también. Somos diferentes en aspectos que consideramos vitales tanto de contenido como de forma, pues concurrimos separados.
  Sin embargo cuando el debate se produce tras la cita electoral pasamos a hacer un tipo de valoraciones diferentes, lo primero es que en las comparaciones desaparecen los “lideres” y aparecen las “bases” y las preguntas son ¿Qué partido o grupo gobernará si adopto una postura u otra? ¿En qué forma la decisión que tome beneficia a mi grupo, a mis electores, a mi ciudad, a mis ideales, etc.?  Aquí aparece la ambigüedad, pues necesitamos aclarar ¿de qué tipo de beneficios hablamos? Electorales, éticos, económicos, de poder, etc. y en función de ello obtendremos un tipo de conducta adaptativa a realizar, siendo diferente en cada situación y no existiendo ningún barómetro que nos indique cual es la correcta, sencillamente porque no existe. Solo podemos aspirar a la hora de desambiguar la situación a hacernos aquellas preguntas que más se aproximen a los valores y principios que consideremos prioritarios y esenciales, sabiendo que cualquier decisión supone un “coste de oportunidad”, al abandonar otras opciones posibles, y será “aceptada” con desagrado por algunos componentes del grupo partidarios de elegir una opción diferente.
Las ideas expuestas pueden sernos de utilidad práctica para evitar los dos errores más frecuentes en los que solemos caer al tener que tomar decisiones en nuestra actividad cotidiana en general y en los planteamientos para los acuerdos políticos en particular.
El primero de los errores consiste en no tener en cuenta el papel de nuestras emociones a la hora de tomar una decisión. Solemos creer que la decisión tomada ha sido fruto de un proceso analítico y racional, cuando en realidad ha sido nuestro cerebro emocional el que como un Casanova o una Mata Hari de forma seductora e inconsciente presentan a la conciencia las opciones de su agrado que posteriormente racionalizamos con argumentos que las justifiquen, haciéndonos creer que las “razones” que nos han inclinado hacia la decisión que defendemos fueron antes que las emociones. En definitiva elegimos inconscientemente guiados por las emociones y posteriormente aplicamos la razón para justificarlas.
El segundo error es una consecuencia del primero y consiste en pasar a dar las respuestas sin antes hacernos las preguntas oportunas, ya que al tratarse de una situación ambigua la pregunta está oculta o implícita y debemos explicitarla y sacarla a la luz para poder dar la respuesta.   
En el caso concreto de un grupo político cuyos resultados electorales no lo coloquen en una situación determinista que solo tenga una opción posible (gobernar por tener mayoría absoluta u oposición por no tener con quien aliarse) sino que se vea con la posibilidad de llegar a acuerdos con otros grupos debería mirar sus propuestas, valores y principios pre-electorales para en función de ellos preguntarse a quien puede o no apoyar en función de los escenarios posibles. Puede ocurrir que haciéndonos las preguntas “adecuadas”, en ninguno de los escenarios tengamos la respuesta, al tiempo que el no participar implique un resultado inaceptable, encontrándonos “entre la espada y la pared”. Dilema con difícil solución y bastante frecuente, sin embargo no debemos olvidar que uno de los puntos fuertes del Movimiento 15M era su imprevisibilidad  desde el punto de vista de la vieja política  porque sus raíces e intereses eran y son diferentes, si los partidos u organizaciones surgidos al calor del 15M pierden esta cualidad  y sus acciones se convierten en previsibles se habrá perdido una parte sustancial de su fuerza.


  

viernes, 13 de marzo de 2015

EN RECUERDO DE CATHERINE (KITTY) GENOVESE… y una nota sobre la corrupción.

En la madrugada del viernes 13 de marzo de 1964, hace hoy 51 años, la joven Kitty Genovese de 38 años de edad, fue brutalmente asesinada cerca de su casa en el condado de Queens, Nueva York, cuando volvía de hacer el turno de noche en el bar en el que trabajaba de encargada.
En una primera agresión fue apuñalada por la espalda y en el abdomen por Winston Moseley. Ella gritó en el silencio de la noche: “¡Ay Dios mío! ¡Me han clavado un cuchillo! ¡Socorro! ¡Socorro, por favor! Se encendieron las luces de las ventanas en los apartamentos próximos. Alguien gritó: “Deje en paz a esa chica”. El agresor salió corriendo del lugar y las luces se volvieron a apagar, sin que nadie acudiera en ayuda de Kitty. Minutos después Moseley regresó y la siguió apuñalando y ella volvió a gritar pidiendo ayuda y de nuevo se encendieron las luces y de nuevo el agresor huyó. Se volvieron a apagar las luces y el asesino regresó para terminar lo que había empezado treinta y cinco minutos antes, a las tres y cuarto de la madrugada.
Treinta y ocho personas habían presenciado el asesinato y solo una llamó a la policía cuando la víctima ya había muerto. Nadie bajó a ayudarla.
Las circunstancias del crimen y la aparente reacción (o más bien la falta de ella) de sus vecinos aparecieron en un artículo de prensa dos semanas después provocando un escándalo en toda la nación, pues aún flotaba en el ambiente las terribles imágenes del holocausto y la pasividad del pueblo alemán ante el mismo.
Dos jóvenes psicólogos sociales, John Darley y Bibb Latané, decidieron investigar sobre la conducta humana solidaria e idearon una serie de experimentos para estudiar las condiciones en que el ser humano pasa por alto la demanda de auxilio de sus congéneres, así como las condiciones en que se impone la compasión. Su trabajo, denominado “Experimento del Espectador Apático”, se convirtió en uno de los experimentos clásicos de la psicología social y sus resultados se conocen como “Efecto espectador o «Síndrome Genovese».
Se aportaron dos razones para explicar el “efecto del espectador apático”.
Primero, la difusión de la responsabilidad. Esto ocurre cuando la gente piensa que otra persona va a intervenir y, como resultado, se siente menos responsable. En los experimentos de Darley y Latané, cuantas más personas participaban menor era la probabilidad de que interviniesen para ayudar. Siendo alrededor del 30% los que pedían ayuda cuando había al menos cuatro  participantes y del 85% cuando el sujeto estaba solo. Otro factor era el tiempo en reaccionar, de manera que cuando se pasaba de los tres minutos de que se produjese el suceso las probabilidades de prestar ayuda por parte de los presentes disminuían.  Además se encontraron con que la “Etiqueta Social”, es decir, los modales o código de conducta que delimita las expectativas para el comportamiento social de acuerdo con las normas contemporáneas convencionales dentro de una sociedad, la clase social o grupo, refuerza la difusión de la responsabilidad con tanta intensidad que la anula incluso en situaciones de vida o muerte, y todo por el “miedo al ridículo”  o a la “exclusión del grupo”, evidenciando una falta de confianza en uno mismo.
Segundo, la ignorancia pluralista. Esto se refiere a la mentalidad de que ya que nadie está reaccionando ante la emergencia mi ayuda personal no es necesaria. Observar la falta de acción de los demás dará lugar a la idea de que la emergencia no es tan grave en comparación con la percepción cuando uno está solo. Nos contagiamos inmovilismo unos a otros. Aquí seguramente también interviene la “Etiqueta Social” para no actuar y la autoexplicación que nos damos es una racionalización para justificar nuestra conducta.
En definitiva estos resultados vienen a confirmar de manera científica lo que la sabiduría popular en nuestro entorno ya sabía y  que aparece recogido en refranes como: "Mientras mas gatos mas ratones" o "Unos por otros la casa sin barrer"
Como resultado de sus experimentos Darley y Latané elaboraron las cinco fases de la conducta solidaria ante una situación de emergencia:
  • 1.- “Es preciso que quien puede prestar auxilio se dé cuenta de lo que está sucediendo”.
  • 2.- “Es preciso entender que el suceso requiere intervención”, esto no siempre es fácil en la vida real, dadas las ambigüedades que las situaciones pueden plantear y la fuerza de la etiqueta social, ante el temor de malinterpretar la necesidad de ayuda y hacer el ridículo ante los demás.
  • 3.- “Es preciso asumir la responsabilidad   personal”. Aquí necesitamos tener confianza en nosotros para evitar la dilución de la responsabilidad.
  • 4.- “Es preciso decidir qué acción emprender”.
  • 5.- “Es preciso actuar en consecuencia
Quisiera resaltar el descubrimiento de la importancia que tiene en nuestra conducta la “etiqueta social”, al ser modales o códigos de conducta que favorecen la cohesión de los grupos y por tanto su capacidad de supervivencia, por lo que deben sustentarse en una base biológica mediante el desarrollo de circuitos neurales que la favorezcan al implicar una ventaja evolutiva, además de ser reforzada culturalmente, de ahí su fuerza como motivador de conducta.
Como sabemos la evolución por selección natural no es ni buena ni mala desde el punto de vista de la  moral, sino que solo explica hechos. Por tanto esa “predisposición” a cerrar filas en pro del grupo puede ser positiva o negativa desde un punto de vista ético, dependiendo de los valores y principios que tengan el grupo o la sociedad en ese momento.
Si hoy tenemos una situación de emergencia social en lo referente a valores y principios es la CORRUPCIÓN en “TODAS” nuestras instituciones, como reflejo de una sociedad corrupta que entre “casi TODOS” sostenemos. Hemos presenciado y seguimos haciéndolo escándalos que van desde la monarquía, la iglesia, el gobierno, los partidos políticos, los sindicatos, los tribunales de justicia, el ejercito, las empresas, etc. Como diría un castizo “aquí no se salva ni Dios”. Y todo ello ocurre por la permisividad de “la ciudadanía”, porque forma parte de la “etiqueta social real” aunque no de la “etiqueta social formal”, de manera que todas las instituciones mencionadas y las que no, así como los ciudadanos, de manera pública expresaran su rechazo a la corrupción pero en la práctica seguirán sin hacer nada para evitarla, y practicándola cada uno al nivel que las circunstancias le permiten, rechazo verbal pero no visceral, sencillamente porque se trata solo de un rechazo formal, de acuerdo con las “normas sociales” de lo que se da en llamar lo “políticamente correcto”, pero no existe, al menos de momento, un rechazo emocional, que nos provoque repugnancia tanto los actos de corrupción como las personas que los cometen, especialmente si ocupan posiciones de relevancia social.
Si aplicamos los conocimientos adquiridos con los experimentos mencionados y sus cinco fases, lo primero a tener en cuenta es un diagnostico correcto de la situación, que al contrario de lo que nos cuentan no se trata de “casos aislados” o “manzanas podridas”, el problema no es solo disposicional, o sea de las personas, sino sistémico y situacional, son los “mimbres y el cesto” los que están podridos.
Por supuesto que estamos ante una situación que requiere nuestra intervención y de manera urgente y para ello tenemos “TODOS” que asumir nuestra responsabilidad tanto en lo que está ocurriendo como a la hora de poner remedio, para lo que hemos de intervenir en, al menos,  dos escenarios, uno sobre nosotros mismos, haciendo un ejercicio de autoconciencia y reflexión sobre nuestro modo de vida e intentar descubrir que cambios tendríamos que hacer para convertirnos en mejores personas que aspiran a una sociedad solidaria en un planeta limpio y lleno de vida, un ejercicio que debe ser estructural y permanente; y por otra parte como ciudadanos debemos participar en la política de nuestra ciudad, comunidad y país, apoyando a aquellas personas y colectivos de cualquier tipo que defiendan “de verdad” la defensa de lo público con honestidad y honradez, evitando que grupos y/o personas cuyos hechos, al contrario que sus palabras, nos muestran que no están por el tipo de mundo al que nos hemos referido anteriormente y siguen instalados en la corrupción, utilizando lo público para beneficio propio o de su grupo.                                                                              Coyunturalmente tenemos la oportunidad de actuar en los procesos electorales como los que están previstos próximamente. Ahora corresponde a cada uno realizar sus propios análisis para encajar las diferentes piezas del puzle en el escenario político actual y actuar en consecuencia. Si el rechazo a la corrupción no fuera simple retórica en nuestro país, Partido Popular, PSOE y CiU, hoy serian cadáveres políticos sin ningún apoyo por parte de los votantes. Esperemos a ver los resultados.

Córdoba 13 de marzo de 2015

lunes, 19 de enero de 2015

Hepatitis C. Nuevas víctimas del afán de lucro.

En estos días, a raíz del tratamiento de la hepatitis C, estamos viviendo una de las consecuencias de las políticas neoliberales que priman el beneficio económico sobre las vidas de los ciudadanos consiguiendo que los económicamente poderosos marquen las reglas eliminando los obstáculos a lo único que les importa y valoran: la riqueza, o mejor, “su” riqueza, aunque ello suponga la muerte de millones de seres humanos y el deterioro de nuestro entorno. Se trata de otro espacio de corrupción propia del sistema.
Nos encontramos ante una situación revolucionaria, sanitariamente hablando, en la que los nuevos tratamientos para la hepatitis C, una enfermedad mortal hasta ahora, pueden curarla rápidamente y sin dolor por unos pocos cientos de dólares (Investigadores de la Universidad de Liverpool han estimado que todo un curso de tres meses de Sofosbuvir (Sovaldi) se puede producir por menos de 140 dólares). Pero a menos que los tratamientos sean universalmente accesibles, millones de personas que los necesitan urgentemente se quedarán en la cuneta.
Nadie que conozca el coste humano de la hepatitis C podría cuestionar el valor de estos nuevos medicamentos, pero incluso en países ricos como Australia, están siendo forzados a cuestionar su precio.
Hace varias décadas que la industria farmacéutica dejó a un lado la parte humanitaria del compromiso social que sustentaba su razón de ser, evitar el sufrimiento humano mediante fármacos que curasen o aliviasen las enfermedades, y se centró en el aspecto económico intentando maximizarlo, incluso a costa de la salud de las personas.
No es casualidad que las farmacéuticas sean las empresas más rentables en EEUU (modelo hacia el que desgraciadamente nos dirigimos) encabezando las listas Fortune 500 un año tras otro, así como que en algunas campañas electorales hayan gastado más dinero que los propios partidos Republicano y Demócrata. Son la “joya de la corona” del sistema capitalista. Sus directivos se encuentran entre las personas “mejor” pagadas, “obscenamente” pagadas sería más correcto, pues alguno (John Hammergren) llega a los 145 MILLONES de dólares anuales con una indemnización en caso de despido de 469 millones.
 De su actividad criminal y falta de escrúpulos baste recordar que en los primeros años del 2000 la mayoría de las grandes empresas farmacéuticas pasaron por los tribunales de EEUU, acusadas de prácticas fraudulentas. Ocho de dichas empresas fueron condenadas a pagar más de 2,2 billones de dólares de multa. En cuatro de estos casos las compañías farmacéuticas implicadas –TAP Pharmaceuticals, Abbott, AstraZeneca y Bayer–han reconocido su responsabilidad por actuaciones criminales que han puesto en peligro la salud y la vida de miles de personas.
Suele decirse que si queremos que una mentira sea aceptada como verdad solo es cuestión de repetirla hasta la saciedad. La industria farmacéutica lo aplica a varios mitos consiguiendo que sean aceptados por políticos, médicos e incluso la sociedad en general. Veamos dos relacionados con el tema que nos ocupa: el elevado coste del tratamiento para la hepatitis C.
-           “Los medicamentos son tan caros por los altos costes de investigación y producción”                                                                                                                     
-           “Las innovaciones médicas son resultado de la investigación financiada por las farmacéuticas”                                                                                                                         
En realidad el precio de los medicamentos depende de lo que la sociedad en los países ricos está dispuesta a pagar por ellos, a veces, relacionado, con la capacidad de tratar o evitar una enfermedad o dolencia, pero sobre todo con la capacidad de las farmacéuticas de mantener a raya a la competencia mediante el uso de las patentes.                                     Los gastos en innovación suelen ser inferiores a los utilizados en el marketing de la promoción de medicamentos y no suelen sobrepasar el 5% de los beneficios. Toda la ciencia básica que ha permitido avanzar en la medicina moderna se ha desarrollado gracias a organizaciones sin ánimo de lucro, universidades, centros de investigación y laboratorios públicos; existiendo diversos informes que indican que entre el 70 y 80 % de los fármacos más importantes de las últimas décadas se desarrollaron gracias al conocimiento y las técnicas de laboratorios públicos, aprovechándose después las farmacéuticas de ello. Veamos algunos ejemplos, la zidovudina, primer fármaco contra el SIDA que salió al mercado y que fue sintetizada en la Fundación contra el Cáncer de Michigan en 1964 sin que en ese momento se le conociese ninguna utilidad (los primeros casos de SIDA se diagnosticaron en 1981), a Burroughs Wellcome laboratorio que lo desarrollo y comercializó le costó poco dinero, sin embargo en 1987 el precio del tratamiento anual para cada enfermo era de 10.000 dólares; otro caso similar es el del ritonavir, fármaco contra el SIDA creado con los millones de dólares de los contribuyentes y que el laboratorio Abbott al comercializarlo elevó su precio en un 400%; el caso del Taxol, un fármaco eficaz contra varios tipos de cáncer (ovario, mama, pulmón, etc) que se obtenía del tejo del Pacífico y que fue sintetizado por los científicos de los Institutos Nacionales de Salud estadounidenses, se entregó para su comercialización a Bristol-Myers Squibb, quien a pesar del bajo coste de producción en 1993 se embolsaba entre 10.000 y 20.000 dólares anuales por cada enfermo en tratamiento y cuando terminó el derecho de patente demandó a todos los que tenían intención de fabricar genéricos, retrasando con artimañas jurídicas la producción de fármacos más baratos y embolsándose miles de millones de dólares.  Precisamente el fármaco Sovaldi es otro ejemplo de lo que acabamos de decir. La empresa Gilead, comercializadora del medicamento no ha investigado nada, se ha limitado a comprarle la patente por unos 11.200 millones de dólares al pequeño laboratorio californiano PHATMASET que lo ha desarrollado, por cierto, basándose en la investigación realizada con fondos públicos por un centro británico. Si tenemos en cuenta que, según la propia industria, desarrollar un fármaco supone una inversión de 800 millones de dólares, cifra que se reduce cuando los analistas son independientes a menos de 100 millones, vemos que se trata de una operación especulativa en la que quien ha realizado la “innovación” ha obtenido sus beneficios, en cualquier caso superiores a los 10.000 millones y Gilead en una maniobra puramente comercial en la que, según publicaciones, ya ha recuperado lo invertido, pretende obtener unos ingresos desorbitados mediante la aplicación de precios elevados (84.000 dólares por tratamiento en EEUU, 25.000 euros en España) que nada tienen que ver con el coste del producto y si con la exclusividad que la explotación del mercado le otorga la protección de patentes, impidiendo que el tratamiento pueda ser aplicado a todos los enfermos que lo necesitan, calculándose en 150 millones el número de afectados a nivel mundial. Hagan los cálculos a cualquier precio de los barajados y comprobarán el ¨billonario” disparate  en beneficios que pretenden obtener los especuladores de Gilead.
De nuevo el afán de lucro se antepone a las vidas de las personas como ocurrió con los afectados por el VIH/Sida y los antirretrovirales, de los que no debemos olvidar que solo una cuarta parte de los mismos reciben tratamiento en la actualidad.
Ante la situación planteada en relación al tratamiento de la Hepatitis C tenemos que hacer una doble exigencia a nuestros gobernantes nacionales y/o comunitarios, por un lado que se aplique el tratamiento a todos los afectados que puedan beneficiarse del mismo de manera inmediata y por otro que se fabriquen o importen genéricos para evitar que las desorbitadas cantidades de dinero que quiere cobrar el laboratorio Gilead por el tratamiento original sean detraídas de otras necesidades básicas. Y para ello disponemos de suficientes mecanismos legales tanto a nivel internacional como nacional que no solo lo permiten sino que podríamos decir que los gobiernos que no los utilizan están despilfarrando dinero público y prevaricando en beneficio de un laboratorio especulador, pues el derecho de toda persona a disfrutar del nivel más elevado de salud física y mental se encuentra reconocido en el artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos y en el artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC). Además la Constitución Española de 1978,  en su artículo 43, reconoce el derecho a la protección de la salud, encomendando a los poderes públicos su cumplimiento.
Desde la Ronda de Uruguay, a principios de los 90, en la que se creó la Organización Mundial del Comercio  (OMC) y se aprobaron las normas internacionales que protegen la propiedad intelectual (acuerdos ADPIC - Aspectos relacionados con la Defensa de la Propiedad Intelectual y el Comercio-), se produjo una interpretación sesgada por parte de las empresas hacia una excesiva protección de la propiedad intelectual que ha llevado en ocasiones a un conflicto con derechos fundamentales como la protección de la salud, especialmente el derecho de patentes sobre los fármacos. Esta situación confusa se aclaró en la Ronda de Doha del 2001, donde la Organización Mundial del Comercio (OMC) reconoció que los países tienen derecho a proteger la salud de sus ciudadanos saltándose la regulación internacional de las patentes y ratificó la legalidad de las licencias obligatorias -es decir, la posibilidad de que los gobiernos encarguen a laboratorios de genéricos que fabriquen los medicamentos necesarios- o bien que los importen de países que no hayan autorizado las patentes, para dar respuesta a un determinado problema de salud, a un costo, por tanto, mucho más barato.
En consecuencia disponemos de argumentos jurídicos nacionales e internacionales para que nuestros gobernantes, tanto a nivel europeo como nacional, puedan acceder a estos medicamentos a un precio razonable facilitando el tratamiento a los afectados sin poner en riesgo ninguna otra partida presupuestaria del sistema de salud y para ello lo único que tienen que hacer es cumplir el artículo 43 de nuestra constitución y tomar medidas “duras y valientes” como le gusta al presidente Rajoy, solo que en este caso la “dureza” recaería sobre las potentes empresas farmacéuticas, en vez de los “indefensos ciudadanos” y serian valientes de verdad al tener que enfrentarse a los poderosos y no a los más débiles como ha hecho hasta ahora con sus políticas de recortes, algo para lo que me temo no están cualificados ni él n su gobierno.

Un presidente ejemplar en este aspecto, y en tantos otros, fue Nelson Mandela, contra el que entablaron un pleito en 1998 treinta y nueve empresas farmacéuticas  por aplicar las leyes que permiten el uso de licencias obligatorias en relación con los antirretrovirales para el tratamiento del SIDA en Sudáfrica, actuando con “dureza y valentía” en la protección de la salud de su pueblo enfrentándose a las farmacéuticas (y a las presiones del imperio estadounidense) a las que derrotó en los tribunales. Otros países lo han hecho para tratamientos contra el SIDA y el cáncer y algunos empiezan a hacerlo con respecto al fármaco sofosbuvir (Egipto, India), luego “se puede” y la falta de solución al acceso a un precio asequible, en este momento, no se debe a problemas legales sino a estrategias de chantaje, amenaza y a la propia corrupción política que padecemos.

domingo, 4 de enero de 2015

Se buscan 50 diputados “libres”

Nos encontramos ante el mayor escándalo inmobiliario de la historia de nuestro país.
Un resumen de los hechos es el siguiente:
En 1946 en una España “nacional-católica” con el dictador F. Franco gobernando el país por “la gracia de Dios” se aprueba la Ley Hipotecaria en la que el artículo 206 da a la iglesia el privilegio (así lo clasifican muchas sentencias) de inscribir a su nombre mediante la propia certificación del Diocesano bienes de utilidad pública. En definitiva se equipara al obispo con un fedatario público. En el Reglamento Hipotecario, el artículo 5, prohibía la inscripción de los templos. En 1998 el gobierno de Aznar deroga dicho artículo 5.
Con estas herramientas a su disposición la iglesia ha desarrollado una voracidad registral, de manera que además de lugares de culto, que no necesariamente han de pertenecerle, pues el uso no otorga derecho de propiedad, ha registrado a su nombre viviendas, locales comerciales, almacenes, garajes, cementerios, fincas, solares, prados, viñas, pinares, olivares y hasta un frontón.  Entre los inmuebles apropiados destaca el edificio más emblemático de la ciudad de Córdoba, la Mezquita-Catedral.
La inconstitucionalidad de las normas aludidas es tan obvia que incluso un ministro neofranquista como Gallardón, de un gobierno que rezuma beatería ha tenido que tramitar su anulación. El problema es que lo ha hecho de tal manera que legaliza el expolio realizado por la iglesia, pues una vez que dicho artículo se derogue se incrementará la dificultad legal para exigir la anulación de las inmatriculaciones (inmuebles que se registran por primera vez) de la iglesia. Por ello es necesario presentar en el Congreso de los diputados un “Recurso de inconstitucionalidad” de las inmatriculaciones realizadas antes de que se produzca  para lo que se necesitan 50 diputados que lo firmen.
Ante esta situación cabe preguntarse: ¿cómo es posible que nuestros “demócratas” representantes permanezcan impasibles?
Quizás la respuesta la encontremos en la disciplina al partido que “obliga” a los diputados a defender las consignas que les marquen en detrimento de la defensa de los ciudadanos que los eligieron. Se prioriza la obediencia al jefe que los pone en la lista sobre los ciudadanos a los que se supone representan. Lo anterior hace que los partidos en realidad puedan ser utilizados por quienes ocupan nuestro Congreso como una oscura pantalla encubridora tras la que esconderse evitando tener que dar la cara como individuos responsables de lo que se aprueba o se rechaza, instalándose en lo que la psicología social denomina “pensamiento grupal” que entre otras cosas les lleva a la creencia no cuestionada de la ética del grupo haciendo que sus miembros ignoren las consecuencias de sus actos con un sentimiento de invulnerabilidad y un optimismo excesivo ante la dilución de la responsabilidad que se produce, a lo que se añade la presión a los miembros del grupo que están en desacuerdo produciéndose una ilusión de unanimidad entre los componentes del “grupo-partido”. Lo anterior se ve agravado cuando nos encontramos en una situación en que la ética del partido ha sido sustituida por la corrupción como vemos en los abundantes casos que se nos muestran diariamente.
Necesitamos políticos que antepongan la ética a la legalidad en el cumplimiento de las normas, que se liberen de la obediencia ciega al partido que pertenezcan y tengan la valentía de defender lo que piense que es justo, aunque sea contrario a lo que el partido proponga, que antepongan la libertad de pensamiento y acción al servilismo partidario, que actúen “heroicamente”, sin miedo a lo que puedan pensar los demás ni a las consecuencias que tal acción les pueda acarrear.
En definitiva se trata de que, puesto que la ley es inconstitucional, de ahí su próxima derogación, se presente un “Recurso de inconstitucionalidad” en el que se exija la anulación de todas las actuaciones realizadas por la iglesia basándose en la misma, volviendo los inmuebles a la situación previa a la inmatriculación, y a partir de ahí, que la iglesia solicite, como cualquier otro ente jurídico, el poder registrar a su nombre aquellos inmuebles que considere le pertenecen aportando los documentos legales que lo acrediten y que según la ley son “el título de adquisición o el modo en que fueron adquiridos” y para ello, como ya hemos apuntado, se necesitan que al menos 50 de los 350 diputados que nos representan rompan las cadenas que los atan al partido que pertenecen y actúen como individuos libres en defensa del patrimonio público, pues cuando se demuestre, y se demostrará, que un solo inmueble, y hay cientos, ha sido adquirido por la Iglesia de manera irregular, se les señalará como cómplices y responsables por su inacción.







lunes, 17 de noviembre de 2014

El Triunfo S. Rafael y otras inmatriculaciones.

Pleno Municipal 11 de noviembre de 2014.

En el mes de marzo y desde este mismo lugar, en nombre de Córdoba Laica, denuncié la apropiación que mediante la inmatriculación de la Mezquita-Catedral, el obispo de Córdoba había hecho, en una situación que podríamos considerar, en el mejor de los casos, de “dudosa legalidad”, dada la diversidad de opiniones al respecto por parte de los especialistas, y de apropiación de un bien público por parte de una entidad privada (obispado de Córdoba), en el peor.
El objeto de mi intervención era apoyar la moción de IU al respecto y pedir, como ciudadano, la intervención de TODOS los aquí reunidos por ser los representantes de los cordobeses para “aclarar” y en su caso “evitar” el hecho denunciado.                 Evidentemente no tuve éxito.
Comencé mi intervención con una cita que hacía referencia a las tres fases por las que suele pasar toda verdad y la verdad que trataba trasladarles en aquella ocasión consistía en denunciar el abuso que la iglesia estaba haciendo en relación a los registros de la propiedad basándose en unos artículos, ahora muy conocidos, de la Ley y Reglamento Hipotecarios (206 y 304 respectivamente) que entendemos inconstitucionales mediante los que no solo esta inmatriculando inmuebles que si le pertenecen y que antes de la modificación del 1998 no podían registrar, sino que estaban y siguen registrando a su nombre inmuebles que está claro que no le pertenecen y otros en los que hay serias dudas al respecto.
Pues bien, en ese pleno, tanto el gobierno municipal como el resto de la oposición a excepción de IU que presentaba la moción, podríamos decir que actuaron según la primera y segunda fase considerando como algo ridículo y rechazable tal petición.
Sin embargo un mes después el 11 de abril el gobierno, a propuesta del entonces ministro de justicia Sr. Gallardón, aprueba el anteproyecto de la reforma de la ley hipotecaria en la que los  criterios para las inmatriculaciones de la Iglesia se equiparan con el procedimiento generalizado. Es decir, desaparece el privilegio denunciado y recogido en los artículos de referencia, considerados por muchos, inconstitucionales y propios de una dictadura nacional-católica y no de un estado de derecho aconfesional.  Aunque en realidad, al dar un año de plazo para su aplicación y no tener efectos retroactivos, lo que se consigue con esta reforma es una amnistía registral para la iglesia católica.
Meses después, domingo 28 de septiembre, en el Diario Córdoba puede leerse:
 “La oposición reacciona indignada con la "apropiación" del Triunfo de San Rafael”. 
Resulta gratificante que a estos grupos políticos les haya ocurrido lo que cuenta la leyenda sobre Pablo de Tarso y por fin se les haya caído la venda para poder ver la voracidad del obispado de nuestra ciudad en particular, y de la iglesia católica en general, a la hora de apropiarse bienes públicos.                            Como suele decirse, “nunca es tarde si la dicha es buena”.
El ejemplo más reciente de este afán acaparador de  bienes materiales, especialmente inmobiliarios, por parte de la iglesia católica lo tenemos en la inmatriculación que el obispo de Palencia realizó de unos edificios (entre ellos una Iglesia Cisterciense) ubicados en una propiedad privada y  registrados como pertenecientes a la empresa que los compró.                                                                                                        El Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó la semana pasada a España por falta de "justo equilibrio" entre el interés general y la protección de bienes, en el litigio entre la Iglesia católica y la empresa propietaria del terreno. Teniendo que soportar la demandante una carga especial y exorbitante" por una actuación "arbitraria y difícilmente predecible" a favor de la Iglesia en la inscripción de bienes.
Da la impresión que la sentencia “Mi reino no es de este mundo” no ha tenido mucha influencia en la jerarquía católica.
Volviendo a nuestra ciudad resulta escandaloso el listado de bienes que recientemente los ciudadanos de Córdoba hemos tenido conocimiento que han sido registrados a nombre de la iglesia por parte del obispado, entre los que destacamos el Monumento del Triunfo de San Rafael, junto a la plaza en la que se encuentra y la del Pocito.
Con respecto al primero todo apunta a que se trata de una apropiación indebida en toda regla, Ya que, aunque hablan de documentos históricos que fundamentan la propiedad de la Iglesia, no han presentado título alguno en el Registro. Lo que no nos sorprende ya que desde hace más de un siglo es el Ayuntamiento de Córdoba el que se encarga del monumento, teniéndolo inscrito en su Inventario de Bienes como propio desde que el obispo Sr. Tarancon y Morón llegó a donar al Consistorio el bien en agosto de 1850 al estar abandonado por los dirigentes eclesiásticos y diciendo que únicamente podía manifestar conformidad  al no tener acción ni título alguno que justificase la propiedad del sitio.
Es el Ayuntamiento de Córdoba, o sea los aquí presentes, quienes deben impugnar la inmatriculación hecha en 2011 por parte del Obispado.
Si no lo hacen, los ciudadanos de Córdoba deberíamos tomar medidas al respecto, pues la Ley 7/1985, de 2 de abril, Reguladora de las Bases del Régimen Local en su artículo 68 permite que  cualquier vecino no inhabilitado podría dirigirse al Alcalde (como estoy haciendo en este momento) para que cumpla con sus obligaciones. Y ese u otro vecino (o vecina) estaría facultado para hacerlo en lugar del Ayuntamiento, si éste no emprendiese las acciones legales para recuperar el bien, en el plazo de treinta días.
Esto abriría una dura batalla jurídica, por supuesto, pues tenemos el ejemplo anteriormente mencionado en el que ha tenido que ser el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo el que actuase corrigiendo al Tribunal Supremo y al Constitucional de nuestro país ya que para los jueces europeos, “ambos altos tribunales han vulnerado principios esenciales, como el de la igualdad de trato y la defensa de la propiedad privada”, pero sería la manera que nos quedaría a los cordobeses para impedir que termine consumándose la usurpación de otro bien municipal por parte de la iglesia.
Finalmente hacer referencia al barómetro del CIS del mes de octubre en el que los ciudadanos, detrás del paro y la corrupción, consideran a los políticos como uno de sus principales problemas en lugar de verlos como los agentes solucionadores de los mismos que sería lo deseable.
No se sienten esperanzados con los políticos actuales sino “in-dig-na-dos”.
Por otra parte la iglesia católica no está precisamente en su mejor momento por los escándalos protagonizados por algunos de sus miembros.
Lo anterior son síntomas de la mala salud ética y social que padecemos, por ello necesitamos medidas terapéuticas urgentes y podríamos empezar en la gestión municipal cambiando el “mènage a trois” (gobierno municipal, obispado y ciudadanos) por un “maridaje” entre los ciudadanos y sus representantes municipales, a través de su Alcalde, dejando la iglesia para el espacio privado de cada cual en función de sus creencias.
Quizás de esta manera se consiga recuperar la confianza y la ilusión por parte de la ciudadanía en nuestros políticos más cercanos como son ustedes y de paso se le haría un gran servicio a nuestro estado de derecho, a nuestra democracia y a la salud ética y social de nuestro país.

Muchas gracias por su atención y buenas tardes.