viernes, 17 de junio de 2016

Nuevas Elecciones: Ante la ingenuidad y la estupidez, seamos inteligentes.

Con motivo de las nuevas elecciones y una vez actualizada, vuelve a ser oportuna la reflexión realizada para una cita electoral anterior.
En un artículo anterior “El cerebro y las decisiones políticas” reflexionaba sobre las causas que, según los experimentos científicos, nos inclinaban hacia una opción política concreta. En éste, de una manera menos científica y algo irónica pues se analiza desde “mi” escala de valores, pretendo hacer ver las consecuencias de las elecciones que hacemos.

Carlo M. Cipolla nos advierte en su breve ensayo sobre “Las leyes fundamentales de la estupidez humana” que la humanidad se encuentra en un estado deplorable. Añade que desde Darwin sabemos que compartimos nuestro origen con el resto de las especies del reino animal, las cuales  tienen que soportar sus dosis cotidianas de tribulaciones, temores, frustraciones y adversidades. Sin embargo, nosotros los humanos tenemos que cargar con una dosis extra de tribulaciones cotidianas, provocadas por un colectivo  perteneciente al propio género humano y que sin estar organizados actúan en perfecta sintonía. Similar a la “mano invisible”, que según Adam Smith guía a los mercados, pero que en este caso si funciona, consiguiendo una gran eficacia en la actividad del grupo. Se refiere a los “estúpidos”.
La 1ª Ley ya nos pone en guardia, pues dice: “Siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo”.
Aclaremos a qué se refiere Cipolla cuando habla de estupidez humana y de individuos estúpidos.
En las interrelaciones humanas cada uno de nosotros suele obtener una ganancia o una pérdida, y al mismo tiempo proporciona una ganancia o una pérdida a algún “otro”. Es lo que en “la teoría de juegos” se conoce como “juego de suma cero”. Es decir, lo que unos ganan otros lo pierden.
 Esto lo podemos ilustrar mediante una gráfica:

El eje de la “X” mide la ganancia o pérdida del sujeto analizado.
A la derecha del punto “0” estarían las ganancias y a la izquierda las pérdidas. En el eje “Y” se registra la ganancia o pérdida que obtiene el sujeto, grupo o “ente” con el que interactúa el sujeto analizado.
En la parte superior del punto “0”  estarían las ganancias y en la inferior las pérdidas.
Como podemos observar de esta interacción obtenemos cuatro cuadrantes que se corresponden con las cuatro categorías fundamentales en las que  Cipolla clasifica a los seres humanos:
-         los “Incautos” (H), que con su acción obtienen perdidas para ellos y beneficios para los otros;
-         sus opuestos que serian los “Malvados” (M), que con su acción obtienen beneficios a costa de otros;
-         los “Inteligentes” (I), quienes actúan de manera que todos ganan; 
-          y sus antagónicos los “Estúpidos” (E), que consiguen que todos pierdan.
Si trasladamos esta tipología humana al terreno electoral observaremos que los electores se comportan muchos como incautos y la mayoría como estúpidos en función de los escenarios que consideremos. Veamos:
Si el escenario sobre el que enfocamos la conducta electoral lo centramos en los aspectos económicos, democráticos, laborales y sociales como elementos constituyentes de lo que denominamos “estado del bienestar”, comprobamos que hasta ahora, y parece que, desgraciadamente esta tendencia continua, la mayoría social del país, que se encuentra entre las víctimas de las medidas adoptadas por nuestros gobernantes y los oligarcas que los manejan, a la hora de emitir su voto lo hace volviendo a elegir a quienes son los causantes de sus desgracias –PP y PSOE en España - y la derecha europea y la socialdemocracia en Europa.
Es decir, su conducta electoral les perjudica y, en cambio, beneficia a quienes los hechos muestran que nos han llevado a la pobreza mediante las múltiples estafas (Rato y Bankia, Familia Pujol, etc), corrupciones de todo tipo (Gürtel, Bárcenas, Filesa, Eres, Palau, Nóos, etc) y legislando en beneficio del capital a costa del resto de la población (Art. 135 CE) y políticas austericidas. Este es un ejemplo típico de conducta incauta. Pues con su voto se perjudica a sí mismo y a los que comparten su situación socioeconómica (trabajadores, desempleados, jubilados, discapacitados, etc.) en beneficio de “otros”  (capital y sus servidores) que precisamente son el origen de sus penurias y calamidades.
En cambio si el foco lo ponemos sobre el Planeta Tierra, o sea a nuestra “Casa común”, como sujeto sobre el que recaen las consecuencias de nuestras decisiones electorales, y como dice Naomi Klein: “el clima lo cambia todo”, pasamos del grupo de los “incautos” al de los “estúpidos”.
Todos los científicos coinciden en que tenemos un problema. Un problema grave. Mientras nuestros políticos, nuestros empresarios y nuestra propia estupidez se encarguen de que sigamos siendo mortalmente adictos al carbón, al gas y al petróleo, hay algo que podemos prever: que las cosas van a empeorar al ir encauzados hacia el desastre medioambiental. Confirmándose la primera ley, el número de estúpidos se eleva muchísimo.
Los partidos que nos han gobernado hasta ahora, aunque a nivel teórico se ven obligados a reconocerlo, siguen actuando con una obstinada negación del calentamiento climático, acentuando la crisis energética, la hecatombe de la diversidad biológica, y en general la crisis ecológico-social como consecuencia de su empecinamiento en salir de la crisis económica y financiera mediante la única solución en la que ellos creen, el crecimiento. Sin reparar que nuestro planeta ha llegado al límite de la agresión tolerable y que no podemos seguir creciendo de manera infinita en un espacio limitado.
Según los informes de múltiples organismos internacionales hemos sobrepasado varias líneas rojas (emisiones de CO2, agujero de la capa de ozono, acidificación de los océanos, aumento de los aerosoles en la atmósfera, extinción de especies, escasez de agua dulce, etc.) entrando en la “Era de la Catástrofe”. Si nos fijamos en indicadores como la “huella ecológica", estamos más allá de los límites del planeta ya que estamos empleando aproximadamente un 150% de su biocapacidad.
Lo peor de todo es que se conocen las causas y las soluciones a aplicar, pero al igual que ocurrió con el antisemitismo nazi, en el que la mayoría de los alemanes y resto de europeos, miraron hacia otro lado en lo que algunos denominan “Denegación” y/o “Ceguera voluntaria”, con "la crisis ecológico-social global", que no es otra cosa que el choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos del planeta, nos está ocurriendo lo mismo.
Instalados en la  “Era de la Eco-Denegación”, seguimos negando realidades patentes y ocultando sus causas y soluciones. Hemos entrado desde hace unas décadas en lo que de manera similar a la “denegación de ayuda” hacia las comunidades masacradas de manera inhumana por los nazis, escudándose en “no lo sabíamos”, que en realidad era un “no queríamos saber”, en un expolio de los recursos naturales a unos límites que nos están llevando a convertir nuestro planeta en un lugar incompatible con la vida humana.
Los negacionistas y los defensores del pensamiento hegemónico centrado en el Crecimiento “Llaman eco-pesimismo a lo que es simplemente superación del eco-analfabetismo y rechazo de la eco-denegación”.
Las leyes de la estupidez humana nos conducen a un escenario en el que incluso los que están obteniendo beneficios económicos como consecuencia del expolio a los ciudadanos –los Malvados en la clasificación de Cipolla- se verán perjudicados, pues la destrucción de nuestro hábitat al que nos están llevando también acabará afectándoles. Obviamente dado que tienen más poder serán los últimos en sufrir las consecuencias. Robaran y eliminaran a quienes les estorben, hasta que la tierra sea completamente inhabitable y entonces perecerán como el resto.
En definitiva elegimos a quienes con su visión cortoplacista centrada en el crecimiento como solución y afán de acumular dinero están destrozando el planeta en el que vivimos, llevándonos a la destrucción del ser humano, ellos incluidos. A largo plazo todos perdemos cuando actuamos de manera estúpida.
El 26 de junio se presenta una oportunidad de cambiar el rumbo de las cosas. Espabilemos. Elijamos de manera inteligente. Votemos por aquellos partidos que defienden y proponen medidas para la sostenibilidad del planeta, mejorar la democracia, gobernar para los ciudadanos y no estén sometidos a la dictadura del poder económico. ¿Es tan difícil?

Aquí tenemos algunos políticos "Malvados", en el sentido de Cipolla, riéndose.
 ¿De quién? Con toda seguridad de "nosotros". Sus víctimas, por nuestra "estupidez"

Nota: Este escrito tiene un corolario, pues como indicaba al principio del mismo, este análisis está hecho desde los valores que defiendo: “Altruismo social” concretado en la defensa del bien común; “Altruismo Ecológico” defensa del Planeta por encima de localismos; Erradicación de la pobreza, Democracia..., que evidentemente no son los que predominan, al menos en la práctica, por ello asumo que la mayoría pensarán que el incauto y/o estúpido soy yo.

Antonio Pintor Álvarez
Junio 2016


miércoles, 8 de junio de 2016

Los problemas del Obispo con “su” patrimonio.

Es un hecho reiteradamente comprobado en la conducta humana que “La Fe nubla la Razón y enciende la pasión”. Por ello aquellas personas situadas en una posición relevante dentro de organizaciones cuyos cimientos han sido fraguados a base de fe, deberían ser prudentes a la hora de hacer declaraciones. Especialmente cuando en ellas se señala de manera negativa a otros, bien se traten de personas, instituciones o ideas. No niego su derecho a ser críticos con aquello que estén en desacuerdo sino que se debe ser prudente y bien informado. De lo contrario se corre el riesgo de que sus muchos seguidores, cegados por la fe y encendidos por la pasión, se conviertan en agentes de injusticias a la hora de juzgar ideas diferentes o lo que es peor a las personas que las apoyan.
En nuestra ciudad tenemos un ejemplo, de lo que no se debería hacer, en el Sr. Demetrio Fernández, Obispo de Córdoba, cuyas declaraciones publicadas en prensa dan material suficiente para elaborar una antología de la imprudencia.  Este Sr. suele señalar a quienes piensan de manera diferente a la suya, como causantes de “sus problemas”.
En esta ocasión “sus problemas” son la falta de ayuda económica para el mantenimiento del enorme patrimonio cultural y “los culpables” somos los laicistas.
 Nos dice, el Sr. obispo, que “la iglesia católica es rica en fe y en patrimonio cultural”, de manera que: “En España el 80% del patrimonio cultural material es propiedad de la Iglesia Católica, que lo posee por legado histórico de sus hijos y lo emplea para el culto y para disfrute cultural de todos en preciosas exposiciones”. Llama la atención, por una parte, la enorme riqueza patrimonial en nuestro país de una organización cuya sede central está ubicada en un país extranjero como es el Estado de la Ciudad del Vaticano (gobernada por una Monarquía absolutista y teocrática) y, por otro lado, la fórmula que alega para su adquisición “por legado histórico de sus hijos”. Nunca una madre recibió tanto a cambio de tan poco, gracias a hijos tan generosos.
Sin necesidad de remontarnos a oscuros tiempos pasados y viendo lo que ocurre en la actualidad, lo que vemos es a esos “generosos hijos” legislando y facilitando que los codiciosos obispos se apropien de lo común, de lo público (Artículo 206 de la Ley Hipotecaria, vigente desde 1946 hasta 2015 y el artículo 304 del Reglamento Hipotecario que consideraba a los Diocesanos como fedatarios públicos). Desde 1946 hasta 1998 la iglesia registró a su nombre una inmensa cantidad de bienes cuya cuantía real se desconoce dadas las dificultades que aquellos de “sus generosos hijos” políticamente bien situados están poniendo a su esclarecimiento (sobre todo casas, escuelas, edificios, huertas, atrios y tierras incluidos algunos cementerios, pues la ley no permitía registrar los edificios de culto). A partir de 1998 el gobierno de Aznar, muy católicos todos ellos, legalizó la posibilidad de registrar los bienes de culto por parte de los Diocesanos sin necesidad de justificación alguna. Abriendo la veda para la apropiación de todo inmueble que tuviera alguna relación con lo religioso o estuviese en sus alrededores, como ha ocurrido en nuestra ciudad con la Mezquita, el Triunfo, la plaza del Pocito, las Iglesias fernandinas una vez restauradas (no mientras se encontraban en estado ruinoso), etc.
Las consecuencias son, según nos aclara el Sr. obispo, que el mantenimiento de toda esta riqueza les supone un “gasto mayor que el ingreso que genera” ya que “restaurar un templo o tener a punto todo el patrimonio mueble e inmueble es una preocupación constante desde hace siglos”. El problema es que según él mismo nos dice, históricamente “ellos se preocupaban” y “otros lo pagaban”: “ha habido épocas en las que hemos contado con ayudas del erario público”, algo que, según él, no ocurre en la actualidad.
Sin entrar en los múltiples beneficios fiscales que la iglesia católica disfruta ¿A dónde van a parar los más de 10.000 millones de euros que anualmente se les regala siguiendo los acuerdos franquistas con el Vaticano y posteriormente confirmados por los gobiernos “democráticos”? Cantidad superior a los recortes en sanidad y educación que tanto daño nos está haciendo a todos los españoles, independientemente de sus creencias. ¿Y los cientos de millones recaudados por hacienda para “donarlos” a la iglesia católica a través de la “X” en la declaración de la renta? Dinero que se sustrae de los ingresos estatales para beneficio de esta institución a diferencia de otros países en los que los católicos que marcan la “X” aportan esta cantidad de manera suplementaria evitando sea detraído del erario público.
De manera que primero se apropian de todo lo que se les pone por delante y después se lamentan que quienes han sido expoliados no corran con los gastos de mantenimiento. Alguien podría pensar que esto es el colmo del cinismo, sin embargo es posible que se deba a la otra gran riqueza de la Iglesia católica y que el obispo, al igual que le ocurre con la riqueza inmobiliaria, debe poseer en gran dosis: la fe. Y como decía al principio “la fe nubla la razón”.
Con esta “ceguera voluntaria” e interesada a la hora de buscar culpables de sus desdichas, nada mejor que señalar al pensamiento laicista. Así nos dice que “una postura laicista contraria a la existencia de la religión” es lo que provoca que haya dinero para actividades culturales de todo tipo y  “no lo hay para restaurar una ermita o el templo más emblemático del pueblo, porque la religión para los planteamientos laicistas es como la peste, hay que evitarla”.
 El Sr. obispo sigue propagando el prejuicio muy arraigado en nuestro país durante los 40 años de dictadura nacional-católica de equiparar laicismo con anticlericalismo. Cualquier persona creyente, pero libre de fanatismos religiosos, verá razonable la existencia de un Estado Laico por ser el modelo que garantiza el respeto a “todas” las creencias religiosas o ausencia de las mismas. El problema para la fracción fundamentalista  de la Iglesia católica es que ello debe hacerse sin privilegios hacia ninguna y que los costes de su mantenimiento deben ser asumidos por sus seguidores y no por el Estado.
Parte de los problemas económicos de la Iglesia Católica tanto a nivel mundial como nacional no hay que buscarlos  en los demás sino en los pecados de lujuria y avaricia cometidos en su seno. La conducta de “algunos de sus pastores” que han malinterpretado el virtuoso mensaje evangélico de “amor al prójimo” por el pecado de lascivia en la forma de “abuso a menores”, les está suponiendo unos enormes costes económicos debido a indemnizaciones condenatorias y pagos extrajudiciales a las víctimas para evitar el juicio. Situación que en Estados Unidos está provocando el cierre y venta posterior de miles de parroquias. En España, el pecado de avaricia de las autoridades eclesiásticas, facilitado por la legislación aludida, ha provocado un acaparamiento superior al que en justicia le corresponde y de lo que pueden mantener.

Por favor, actúen en coherencia con lo que predican. Muchos de “sus problemas” desaparecerán y todos seremos más felices.

martes, 31 de mayo de 2016

El “TTIP”: Un tratado suicida.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial las poderosas industrias dedicadas a fabricar sustancias químicas con las que matar al enemigo mediante el envenenamiento se quedaron sin demanda y consecuentemente sin negocio. Esta situación duró poco, ya que al tratarse de poderosos empresarios, condición que ayer al igual que hoy, les permite eludir cualquier responsabilidad independientemente del bando para el que fabricasen sus venenos.  Rápidamente se pusieron a la tarea y se dieron cuenta que con unos pocos retoques, como disminuir la dosis, algún cambio en la estructura química, etc. aquello que servía para matar personas lo podían utilizar para los “bichos” y las “malas yerbas”. Así nacieron los “pesticidas”, después llamados “fitosanitarios” y actualmente “fitofarmacéuticos”. Cambios de nombre con una clara intención de engañar tanto a los agricultores como a los consumidores al sustituir un término que hace referencia a  unos “productos concebidos para matar” (“biocidas”) por unos medicamentos que se suponen protegen la salud de las plantas y, por consiguiente, la calidad de los alimentos.
La primera estrella de esta colección de venenos fue el DDT, un pesticida organoclorado, al que la propaganda de la época elevó a la categoría de “herbicida milagro”, pues además de enriquecer a estos industriales, iba a terminar con las plagas de las cosechas, con los piojos y la caspa de los niños. Algo que en nuestro país hubiese sido razón suficiente, de existir la virginal  moda actual, para que algún ministro o alcalde lo condecorase con alguna medalla honorifica u otorgado el bastón de mando de su corporación.
Gracias a los trabajos de campo de la bióloga Raquel Carson, publicados en 1962 en su libro “Primavera Silenciosa”, y tras sufrir muchas descalificaciones por parte de las “autoridades” científicas y políticas ayudadas por los medios de “desinformación” de la época, finalmente se impuso la razón y a principios de los setenta la EPA (Agencia para la Protección del Medioambiente, fundada gracias a sus trabajos) prohíbe el uso del DDT por “provocar  riesgos inaceptables para el medio ambiente y daños potenciales para la salud humana” y la denostada Raquel Carson fue considerada por esos mismos medios: “entre las cien personas más influyentes del siglo XX”. Lamentablemente el reconocimiento le llegó tarde pues había fallecido de un Ca. de Mama.
Varias décadas después otra gran mujer, Theo Colborn, denuncia en su libro “Nuestro futuro robado” publicado en 1996, lo que junto a un grupo de biólogos de distintas especialidades venían observando cada uno por su parte y en diferentes especies de la fauna salvaje: “Una reducción draconiana de las poblaciones de determinadas especies de animales, disfunciones del sistema de reproducción como que los adultos tenían dificultades para procrear y cuando lo lograban, las crías nacían con malformaciones congénitas y no sobrevivían; también observaron comportamientos no habituales, como hembras que se unían en parejas, machos que no defendían su territorio…”.
Todo ello se expuso en 1991 en la llamada “Declaración de Wingspread” en la que se llamaba la atención sobre los perjuicios de unas moléculas que tienen la capacidad de alterar el sistema endocrino y que las autoridades, afectadas por una “ceguera voluntaria” o quizás “inducida” por las multinacionales del sector, siguen ignorando.
Con todo lo anterior los autores  daban la señal de alarma: “Si no se eliminan los perturbadores sintéticos hormonales del medio ambiente, podemos esperarnos unas disfunciones de gran envergadura a escala de la población general. La magnitud del riesgo potencial para la fauna y para los seres humanos es grande, debido a la probabilidad de una exposición repetida y constante a muchos productos químicos sintéticos conocidos por ser perturbadores endocrinos”. ¡Y las autoridades aún siguen pensando qué hacer!
Otra mujer, en este caso una periodista y documentalista francesa, Marie-Monique Robin, ha sido la encargada, tras una exhaustiva y rigurosa investigación, de mostrarnos el verdadero rostro de esas multinacionales, en dos excelentes libros con sus documentales correspondientes (ambos se pueden ver en Youtube) titulados: “El mundo según Monsanto” y “Nuestro veneno cotidiano”. Poniendo de manifiesto los interese que defienden y al servicio de quien están las agencias estatales, los gobernantes y, desgraciadamente, una parte importante de la “ciencia”.                                                                                                                           Son esas grandes multinacionales (Monsanto, Syngenta, DuPont, Dow Chemical, Pfizer, Bayer, etc.) las mismas que inundan nuestros campos de pesticidas y transgénicos, al tiempo que no dudan en poner en el mercado fármacos cuyo riesgo no ha sido evaluado convenientemente, y que a pesar de demostrarse las graves consecuencias de su uso los mantienen hasta que los muertos desbordan su capacidad de ocultación, las que constituidas en “lobby” o “grupos de presión” están negociando, en el más absoluto de los secretos, con los políticos de EEUU y Europa un tratado de libre comercio conocido como TTIP para, según nos dicen los partidarios del mismo, “beneficio de los pueblos” de esos territorios.
Otra mujer, Cecilia Malmströn, perteneciente al Partido Popular sueco y Comisaria Europea de Comercio se convirtió en un símbolo de la frialdad, desinterés por los ciudadanos y la democracia en las instituciones, cuando un periodista le preguntó cómo iba a seguir defendiendo el TTIP a pesar de la enorme oposición de la opinión pública y respondió con toda desfachatez y sinceridad: “Mi mandato no procede del pueblo europeo”. Evidenciando a servicio de quién está y el impacto social del TTIP  mediante el ataque salvaje a la democracia que el mismo supone.

La realidad anterior se pone de manifiesto en el llamado tribunal de Arbitraje de Diferencias Inversor-Estado (ADIS), que permite a las empresas demandar a los gobiernos si las políticas de éstos les causan una pérdida de beneficios. De manera que unas multinacionales, que nadie ha elegido, pueden amenazar y obligar a los gobiernos democráticamente elegidos a no aplicar medidas de salud pública o tener que hacer frente a cifras millonarias de indemnización. Como ejemplo tenemos lo ocurrido con la compañía energética sueca Vattenfall que ha demandado al gobierno alemán por miles de millones de dólares por haber decidió retirar paulatinamente las centrales nucleares a raíz del desastre de Fukushima.

Hagamos caso al eslogan que se utilizó en el Reino Unido en la lucha  contra el SIDA: Don´t die of ignorance! (“¡No muera por ignorancia!”), abramos los ojos, seamos inteligentes y no nos dejemos engañar por organizaciones y grupos que solo buscan el beneficio económico sin importarles las consecuencias para el planeta tierra, los seres humanos actuales y, mucho menos, de las generaciones futuras. Digamos alto y claro: “NO AL TTIP”. No a los políticos que negocian en nombre del pueblo a escondidas de ese pueblo. 

miércoles, 23 de marzo de 2016

Semana Santa y Laicismo



Un año más el “aconfesional” Reino de España se encuentra inmerso en el evento lúdico-religioso de la Semana Santa. Es a toda luz evidente que se trata de un fenómeno de masas dada la gran afluencia  de personas que se concentran para presenciar los desfiles procesionales. No creo equivocarme al afirmar que la mayoría de los españoles, y especialmente los andaluces, les agrada y disfrutan con esta festividad, aunque yo no forme parte de esa mayoría. Los motivos que se alegan en su defensa son múltiples, yendo desde lo que podíamos denominar su núcleo  central o epicentro que es la manifestación de un sentimiento religioso hasta el más profano de ser una oportunidad para divertirse con las amistades, sobre todo los más jóvenes a los que históricamente se les ha dado permiso durante estos días para estar en la calle hasta altas horas de la madrugada, pasando por el más pragmático de ser una ocasión para que los comercios aumenten sus ingresos dada la gran afluencia de turistas o los que la califican de fenómeno cultural. Todas ellas, a mi entender, razones licitas y respetables.
Sin embargo la Semana Santa, a pesar de lo dicho anteriormente, suele estar inmersa en la polémica política y social. ¿Por qué? A mi parecer la causa, al igual que todo lo relacionado con la Iglesia Católica, tiene su origen en la ambigüedad de la Constitución Española en este tema, ya que no establece un Estado Laico ni tampoco Confesional y al que, en opinión de Puente Ojea, cabría considerar como “criptoconfesional”, dadas las contradicciones que aparecen en la misma, como en el articulo 16.3 en el que por un lado se dice que Ninguna confesión tendrá carácter estatal” , estableciendo la separación entre el Estado y las religiones, la legitimidad estrictamente secular de las instituciones políticas y su neutralidad en asuntos religiosos, y por otro lado se propugna establecer “… relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”, lo que supone una evidente contradicción con los enunciados anteriores.
A la ambigüedad constitucional se le añade la resistencia de los estamentos religioso y político para cambiar los hábitos adquiridos durante la dictadura, que siguen instalados en un anacronismo  dando  la impresión que pesan más los cuarenta años del nacionalcatolicismo de la dictadura franquista (que no olvidemos llegó a la jefatura del Estado, aparte de por una rebelión militar, “Por la Gracia de Dios”), que los cuarenta años de democracia. De manera que aprovechando la criptoconfesionalidad  constitucional todo sigue funcionando “como si” aún estuviésemos en un Estado confesional en el que la Iglesia Católica, como iglesia oficial del mismo, tuviera que mantener los privilegios que la dictadura le otorgó por su inestimable colaboración para llegar y mantenerse en el poder.
Esta situación explicaría la presencia de manera relevante de las autoridades civiles en los actos religiosos (católicos) en general y en los desfiles de la Semana Santa en particular, convirtiendo en “normal” por ser habitual y frecuente lo que desde una perspectiva razonable de un Estado que dice no tener ninguna religión oficial es una “anormalidad manifiesta” a estas alturas de la historia, dándose la paradoja que, cuando por convicciones laicas, éticas o por no profesar la religión católica, los representantes civiles deciden no participar en eventos religiosos se convierten en noticia por ser una anomalía. ¡El mundo al revés! Aquí lo que debiera ser anómalo es habitual y lo coherente con las normas y los tiempos es excepcional, tal como decía el eslogan de los años sesenta “Spain is different!”.
Y así seguimos.
Ante esta situación, las organizaciones y personas que defendemos un Estado Laico planteamos la necesidad de un debate sereno que sea capaz de conjugar de manera razonable el interés por mantener esta festividad con la adecuación de la misma a los tiempos democráticos, para lo cual es necesario clarificar las relaciones Estado-Iglesia que eviten situaciones de privilegio contrarias a las que deben prevalecer en un país democrático y para ello se tendría que modificar el artículo 16 de la Constitución Española evitando la ambigüedad que presenta en la actualidad.
Por otra parte sería conveniente aclarar el significado de los términos relacionados con el laicismo que aunque sea una corriente de pensamiento integrador al proclamar la libertad de conciencia para todas las personas, incluyendo tanto cualquier creencia religiosa como la ausencia de la misma, su rechazo a cualquier tipo de privilegio como elemento de justicia, ha sido asociado de manera confusa e interesada   con anticlericalismo, al poner en evidencia los habituales privilegios de la Iglesia Católica, confundiendo el rechazo al estatus privilegiado de esta organización por parte de las organizaciones laicistas con el rechazo a la institución.
El laicismo es el pensamiento y la actuación orientados a la consecución y defensa:
-          - del Estado Laico, consistente en un Estado aconfesional, separado e independiente de las religiones y exclusivamente civil.
-          - de la Laicidad de sus instituciones, como garantía del derecho fundamental a la libertad de conciencia de todas las personas y que para ello separa los ámbitos público y privado, siendo la separación Estado-iglesias una concreción de aquella otra.
-         -  y de la actuación consecuente de los Cargos Públicos en el ejercicio de sus funciones.
Con el fin de avanzar en hacer realidad en nuestro país un Estado Laico, Europa Laica está trabajando para que se cree una “Red de Municipios por un Estado Laico” en la que se incorporen tanto las corporaciones que así lo aprueben como los grupos municipales que lo decidan y cuyo objetivo es la defensa y fomento de la libertad de conciencia de todas las personas y establecer la legitimidad secular de las instituciones públicas, en el ámbito municipal, dado que según nuestra Constitución el “Estado no tiene confesión alguna”, y los ayuntamientos son parte fundamental del Estado.
En nuestra ciudad, Córdoba, de los grupos presentes en el Ayuntamiento se han adherido a la red, Ganemos e Izquierda Unida, estando pendientes de respuesta por parte del PSOE y Ciudadanos, que defienden en sus programas la laicidad de las instituciones. El PP ni está ni se le espera, al ser un partido manifiestamente confesional.

Córdoba 23 de marzo de 2016

viernes, 19 de febrero de 2016

Titiriteros, Trileros y Equilibristas.

Últimamente el circo mediático ha desplazado a sus protagonistas habituales, “los payasos”, interpretados de manera brillante por financieros, gobernantes, políticos, “periodistas”, tertulianos, etc. por otros “artistas cirquenses” entre los que encontramos, titiriteros, trileros y equilibristas.
Cantaba el genial Joan Manuel Serrat allá por los años setenta su canción “El titiritero”, cuyo estribillo decía:
-          ¡Allez hop! ¡Titiritero, allez hop! de feria en feria. 
  Siempre risueño, canta sus sueños y sus miserias
Y precisamente ha sido esto, “sus miserias”, las que han salido a relucir como consecuencia del  desafortunado incidente de Madrid, pero no solo las de los titiriteros como nos dice la canción consistentes en soledad, tristeza y pobreza, junto a la amenaza constante del poder hacia ellos por la utilización satírica de su inteligencia transgresora, algo que no suele gustar a los poderosos que prefieren la estupidez sumisa y aduladora. Como decía no sólo se ha puesto en evidencia las “miserias” de los artistas sino las de los ciudadanos ante la muestra de intolerancia, estrechez en la libertad de expresión y desnortados representantes de las diversas instituciones y de la “gente de bien”, entre los que destaca el ministro del interior Jorge Fernández Díaz que ve a los cómicos como terroristas, al tiempo que considera que la organización Hazte Oír es de “utilidad pública”, a pesar de que la jueza española López Castrillo haya considerado probada y "esencialmente veraz" su vinculación con la secta terrorista de extrema derecha El Yunque, y pese  a lo cual “el dirigente ultraconservador del Partido Popular ha mantenido la concesión a esta asociación a la que incluso los obispos de Toledo o Getafe han prohibido el acceso a sus diócesis (parroquias, delegaciones diocesanas…) para que “no puedan dar a conocer o promover sus iniciativas”. Menos mal que este Sr. es ministro y no médico, pues viendo el “ojo clínico” que tiene ya podemos imaginarnos donde acabarían sus enfermos. En fin que esta gente, a modo de península, ven  el peligro por todas partes menos por una, la derecha, por muy extrema que sea.
Por otro lado tenemos a “los trileros”, esos embaucadores que nos hacen mirar con su palabrería hacia el cubilete vacío mientras se quedan con nuestro dinero. Aquí nos encontramos con una dura competencia por el protagonismo en el espectáculo, entre los agrupados en el llamado “partido popular por su podredumbre” plagado de saqueadores de lo público para beneficio particular o del grupo, y la iglesia católica, entre cuya jerarquía se ha establecido una dura competición para ver quien consigue apropiarse de mas inmuebles del  erario público, siendo un elemento destacado en este ranking el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, ¡otro Fernández!  que además de los muchos inmuebles ha conseguido la “joya de la corona” la Mezquita-Catedral de la ciudad registrada por su antecesor en el cargo por solo 30 monedas , todo ello con la inestimable ayuda de los que teniendo la obligación de vigilar y proteger estas propiedades se han dedicado a mirar hacia otro lado o colaborar  con ellos facilitándoselo.
Finalmente tenemos el tercer grupo de artistas de esta triada circense, se trata de los “equilibristas”, siendo los máximos representantes de ellos los cargos públicos del PSOE-A, y dentro de éstos la “Pinito del Oro” es Rosa Aguilar que se hizo pasar por comunista para conseguir la alcaldía de Córdoba  cuando, gracias a la figura de Julio Anguita, ser comunista  era una opción electoral ganadora en nuestra ciudad, posteriormente se “transfugó” al PSOE consiguiendo que un despistado Rodríguez Zapatero la nombrara ministra y en la actualidad la clerical presidenta de la Junta de Andalucía la ha nombrado Consejera de Cultura, seguramente para transmitir a la jerarquía eclesiástica que no deben preocuparse por las declaraciones que por conveniencia electoralista se vea obligada a hacer, que lo importante son los hechos y éstos demuestran de manera reiterada su sumisión al poder eclesiástico. Lo demostraron en el pleno municipal absteniéndose en la votación sobre la Mezquita, en el Congreso de los Diputados cuando  la Plataforma de defensa del patrimonio Navarro, Europa Laica, la Plataforma Mezquita-Catedral y un colectivo de Cristianos de base  fueron a pedirles la firma  para conseguir los 50 diputados que se necesitaban para poder tramitar el “Recurso de Inconstitucionalidad” de la ley franquista reformada por Aznar para legalizar el expolio  ¡y no firmó ni uno! y lo acaban de hacer en el Parlamento andaluz donde se han negado a apoyar la propuesta de Podemos para solicitar el listado de inmatriculaciones de la iglesia, condición básica para poder reclamar aquellas que se considere que no le corresponden.
 

Algún día los cordobeses tendremos que mostrar “el agradecimiento” a la ex alcaldesa, ex ministra y actual consejera por su “importante” labor desarrollada en la ciudad, gracias a sus excelentes relaciones con el cura-banquero- artífice de la ruina de Cajasur (Miguel Castillejo), con el joyero- constructor-político- condenado en el caso Malaya y máximo deudor del ayuntamiento de la ciudad (Rafael Gómez “Sandokán”) y los obispos inmatriculadores de los monumentos más emblemáticos de la ciudad Juan José Asenjo  (en la foto) y Demetrio Fernández.

Quizás una manera de reconocer su “inestimable” labor en la ciudad podría ser nombrándola “persona non grata”.


viernes, 12 de febrero de 2016

Gente Podrida: El triunfo de la moralidad sobre la ética

“Mucho huele a podrido en el reino de España”
Cuando nos aproximamos al hecho de la corrupción en general  y en el terreno de la política en particular con ánimo de entenderla a fin de evitar su instalación, como ocurre en la actualidad, en las instituciones que nos gobiernan, necesitamos tener en cuenta, al menos, tres dimensiones que influyen en su desarrollo: el sistema, la situación y la disposición o carácter de las personas.
En estos tiempos estamos habituados a escuchar en boca de quienes nos gobiernan la frase “manzanas podridas” en referencia a los múltiples casos de corrupción que vienen apareciendo entre quienes integran los diferentes organismos del Estado, la mayoría personas con vinculación política del partido gobernante en el territorio afectado (Partido Popular a nivel nacional y en comunidades como Madrid, Baleares, Valencia, etc.; el PSOE en Andalucía y CiU en Cataluña, por citar solo las más relevantes). No me parece que sea acertada la metáfora por reduccionista  ya que no son sólo las manzanas (personas) las que están podridas sino que lo está el cesto en el que se encuentran (situación) y, lo que es más  grave, los mimbres (el sistema) con los que está construido.
El sistema (los mimbres) en el que se producen los hechos es el sistema capitalista caracterizado por asimilar éxito con progreso aunque sea desnortado y destructivo del medioambiente, consumo y acumulo de riqueza, sin importar los medios utilizados para conseguirlos; y la situación (el cesto) hace referencia al entorno político, caracterizado por una falta de transparencia y dependencia de los poderes económicos a cuyos intereses particulares sirven a costa de la “POLITICA” y de la democracia, perdiéndose la capacidad de garantizar todos los intereses existentes, especialmente de los grupos más débiles y vulnerables a costa de los más poderosos y mejor organizados.
 En una entrada anterior (“La importancia del contexto en la conducta humana y su relación con la corrupción política”) desarrolle la importancia de la situación en la conducta humana apoyándome  en  estudios como el de la “Prisión de Stamford” (EPS) realizado por Philips Zimbardo sobre la “conducta cruel” de las personas que por extensión considero aplicable a la “conducta corrupta”.
En este escrito me centraré en “las manzanas podridas”, es decir, en la disposición o carácter de las personas y su relación con la ética.
Como suele decirse la corrupción en la sociedad como la podredumbre en el pescado suele comenzar por la cabeza, pudiéndose percibir olor a podrido en la casa real (cobro de comisiones de las petromonarquias integristas, amoríos de elevado coste, cacerías pagadas, hija y yerno procesados por malversación de fondos, etc.); en el gobierno central (Gürtel , Púnica, etc.) que ha provocado declaraciones de algunos jueces en el sentido de considerar al Partido Popular como una organización criminal para la comisión de delitos y que solo la dependencia del poder judicial al gobierno mantiene en la legalidad al no aplicar la Constitución; y autonómicos (ERES, Mercasevilla , con implicación de importantes miembros del PSOE en Andalucía ;Taula y PP en Valencia; Caso Pujol en Cataluña, etc.), Sindicatos (Cursos de formación con implicación de UGT) Iglesia católica (pederastas protegidos por autoridades eclesiásticas incluidos los anteriores Papas, la “inmatriculada corrupción” que ha permitido mediante la utilización de un privilegio franquista, modificado en su beneficio por el gobierno de Aznar, que se produzca en nuestro país el mayor expolio inmobiliario por parte de los obispos), mundo de las finanzas (banqueros ensalzados por sus magnificas cualidades que llevan a la ruina a las entidades que gestionan o que esconden dinero en paraísos fiscales (Rato, Conde, Botín…), judicatura (dimisión del presidente del CGPJ  Carlos Divar por sus escándalos), empresarios (encarcelamiento de Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la patronal , los Albertos, de la Rosa), etc.
Como vemos no se salva ni dios, aunque con demasiada frecuencia olvidamos que esa podredumbre visualizada en la cabeza no deja de ser la parte más representativa de todo el cuerpo social constituido por los ciudadanos y que la corrupción afecta a todo el organismo no solo a la cabeza, aunque esta sea la de mayor importancia por su gravedad en las consecuencias, pues como dijo Montesquieu: “Hay dos clases de corrupción: la primera, cuando el pueblo no observa las leyes; la otra, cuando el pueblo es corrompido por las propias leyes (o quienes las representan): mal incurable, porque surge del remedio mismo”  y con su conducta corrupta es “como si nos dieran permiso” a los demás para hacer lo mismo, por el contrario el buen ciudadano es aquel que ha aprendido a desear  y defender el bien público y a indignarse y encolerizarse ante la injusticia y la corrupción. ¿Dónde están los buenos ciudadanos en nuestro país?
Lo curioso de todo esto es que todos los personajes mencionados y muchos como ellos representan el “status moral” de nuestro país, al sistema y orden político vigente, la tradición y valores dominantes que tienen sus raíces en la moral judeocristiana. Por ello conviene distinguir de manera meridiana la diferencia entre moral y ética, porque una cosa es “adoctrinar”, lo que cae en el terreno de la moral y otra muy diferente “pensar y enseñar a pensar” que es tarea de la ética y para ello nada mejor que acudir a quienes saben del tema pues aunque todos tenemos derecho a opinar, una cosa es una opinión, y otra muy diferente exponer un conocimiento bien fundamentado.
En palabras de la Dra., Paulina Rivero Weber: “Moral significa costumbre; su uso en latín siempre indica las costumbres de una sociedad. La moral, pues, consiste en un conjunto de costumbres que han sido elevadas a nivel de normas, y que se proponen como el marco regulativo para una sociedad. En ese sentido una moral pide “seguidores”, requiere individuos que la sigan sin cuestionarla, y tiene, por lo mismo, un cierto carácter gregario… De esta manera, el que nace no decide qué valores va a tener: los encuentra de hecho en su sociedad, y si quiere integrarse a ella, debe simplemente seguirlos.
Por lo anterior, el individuo moral pierde de vista que la capacidad de crear valores es una prerrogativa humana, y con ello reduce y deprime su propia capacidad para autorregularse. Se entrega sin cuestionamiento a normas impuestas como absolutas por una sociedad, una religión o una institución, y es calificado como un individuo "moralmente bueno" por su sociedad. Así,  "la buena persona" que sigue, o aparenta seguir,  las normas establecidas sin cuestionarlas, o la beata que no olvida uno sólo de los mandamientos impuestos por la religión, son personas que tienen y siguen una moral: siguen una serie de códigos, que vienen impuestos desde el exterior, no desde su interior”.
Podemos decir que el “carácter moral” se adquiere por costumbre, muchas veces sin que el individuo se dé cuenta, produciendo autómatas preocupados por aparentar su adhesión a las normas morales de su entorno, ya que el control de su “buen o mal hacer” con respecto a las mismas viene de fuera, son los demás quienes catalogan su conducta, pues los individuos morales están interiormente vacios, lo que los convierte en un terreno fértil para la hipocresía. En contraste el “carácter ético” se conquista, con muchos esfuerzos, pues entre el individuo ético y sus actos existen la deliberación, la libre elección y el compromiso, aplicando sus capacidades intelectuales para crear sus propios valores que se impone a sí mismo, convirtiéndose en un ser autónomo que no necesita de la vigilancia de los demás para actuar de manera correcta siguiendo sus propios principios. Podemos concluir que la esencia de la ética consiste en practicar la capacidad de pensar, el “atrévete a saber, atrévete a pensar por ti mismo” tan inusual en esta época de seguidores incondicionales, muy morales y poco éticos.

El último espectáculo en este muladar en que se han convertido las declaraciones de políticos, tertulianos y “periodistas” en los medios de comunicación los han protagonizado dos de los más importantes mamporreros del poder en su “transición inmodélica” del franquismo a la restauración borbónica, responsables de la destrucción de las esperanzas de millones de españoles al traicionar a quienes apostaron por un cambio real y no solo en lo aparente para que “todo siga igual”, me refiero a Felipe González y Alfonso Guerra, máximos dirigentes del PSOE y del gobierno cuando se organizó el terrorismo de Estado mediante el GAL , con implicación de importantes cargos de su gobierno socialista, algo que debiera haber causado la expulsión del partido de estos dos sujetos , por implicación o por incompetencia en la defensa del estado de derecho ,si la decencia tuviera un mínimo de presencia en la política de nuestro país, en cambio tienen la desfachatez de salir a la palestra para insultar y descalificar a quienes no desean ir por el camino que ellos marcaron y que tan bien les ha ido a costa de los españoles que confiaron en ellos.
Lo dicho, estamos en la era de la moral a costa de la ética, lo que facilita que destaquen individuos y organizaciones “muy morales, pero poco éticas”, siendo urgente una pedagogía ética que aspire a modificar la conducta de los ciudadanos.

Córdoba 12 de febrero de 2016

jueves, 21 de enero de 2016

Los “reyes magos” y la tradición.

Que pueda inquietaros toda cosa llamada habitual”  
    Bertolt Brecht
Hemos comenzado el año con un “grave conflicto” que algunos de manera irónica han catalogado como “la mayor crisis democrática en los últimos cuarenta años”. Me refiero a la polémica suscitada en algunas ciudades acerca de la cabalgata de los reyes magos.
Resulta llamativo en este asunto cómo los hechos origen de la polémica (trajes en Madrid, magas en Valencia, suspensión por lluvia en Córdoba…) han sido soslayados rápidamente, probablemente debido a su banalidad y fácil justificación por parte de los afectados, siendo sustituidos, a modo de “profecía autocumplida”,  por la supuesta “intencionalidad” de las autoridades municipales en “eliminar las tradiciones religiosas”, de manera que en el vocerío propagado se ha olvidado “el hecho causal” para centrarse en el prejuicio de “la intencionalidad supuesta”  como objetivo a criticar, algo similar al “dolor del miembro fantasma” que sigue atormentando al sujeto a pesar de que el miembro origen del mismo ya no exista por haberle sido amputado. Esta permuta mental ha permitido que se produzcan airadas protestas por parte de una ruidosa parte de la población encabezada por significativos políticos de la derecha más clerical, en las que todos han utilizado el mantra de “jugar con la ilusión de los niños” y la “sagrada tradición”.
Ante estos hechos quisiera resaltar, al menos en el caso de nuestra ciudad-Córdoba- lo poco que les ha importado a los “airados protestantes” la salud y seguridad de quienes participaban como protagonistas en el desfile, entre los que se incluían a numerosos niños que tras el chaparrón caído quedaron empapados. Sería oportuno preguntarles a estos irritados padres si les hubiera parecido correcto que los organizadores hubiesen autorizado la continuidad del desfile una vez finalizada la lluvia con las ropas mojadas y con la seguridad de las carrozas mermada, según dicen los técnicos, en el caso de que fueran sus hijos los que iban en ellas. Estoy seguro que la respuesta sería negativa, por mucha ilusión contrariada que ello ocasione a los demás.
En cuanto a la supuesta “ilusión de los niños” por este tipo de desfiles, desconozco si se ha hecho algún tipo de estudio que demuestre tal aseveración, pues no sería la primera vez que algo que nos parece intuitivamente correcto descubramos que no lo es tanto. La infancia es una etapa muy compleja de la condición humana y desgraciadamente hasta fechas recientes no ha sido considerada de interés su estudio e investigación, la hemos dado por tan sentada que no hemos reparado en ella. Nos estamos llevando muchas sorpresas con lo que psicólogos del desarrollo y neurocientíficos están descubriendo, como que en las primeras etapas de la vida no solo aprenden más, sino que imaginan más, se preocupan más y experimentan más de lo que nunca habríamos sospechado, incluso llegando a afirmar que en ciertos aspectos, los niños pequeños son más inteligentes, más imaginativos, mas afectuosos e incluso más conscientes que los adultos. Algo obvio si consideramos al niño, no como un adulto deficiente, sino como una etapa del desarrollo del ser humano diferente al adulto en capacidades y necesidades. Es la etapa de I+D del desarrollo del individuo.
Existe la posibilidad de que estemos potenciando un mito, lo felices que son los niños asistiendo a estos actos, basado en otro mito, el de los reyes magos de oriente.
Por otra parte deberíamos valorar lo adecuado que pudiera ser para un desarrollo mental equilibrado y saludable de los niños la utilización por parte de los adultos, en especial los padres, de una mentira, aunque sea piadosa, apoyada en el argumento de la tradición. Una consecuencia inmediata de tal actitud, pudiera ser, el destronamiento de los padres como elementos de referencia donde buscar respuestas correctas y modelos de integridad, al menos para algunos niños, cuando descubren la mentira, además de inocularse en su personalidad la disonancia cognitiva del “haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga”.

En mi opinión, a falta de estudios, en lo referente al mito de la ilusión, es fácil observar que durante los primeros años de la vida del niño, hasta los 2-3 años, este tipo de espectáculos tienen más probabilidad, dadas las aglomeraciones, de provocarles miedo y malestar que placer; y a partir de los 6-7 años han averiguado “motu proprio” o por sus compañeros de juego y de estudios la verdad del asunto, quedando una franja etaria en la que es posible en familias muy “tradicionales” y niños “poco curiosos” la creencia en el mito, dándome la impresión que “los padres quieren creer que sus hijos se lo creen y éstos simulan creérselo para no defraudarlos en su ilusión”, algo parecido a la anécdota-chiste siguiente: 
Maestro de escuela examinando a un joven alumno.
-          Maestro: ¿Qué son los rayos catódicos?
-          Alumno: Isabel y Fernando
El maestro, bastante socarrón, intenta que el alumno descubra su error acorralándolo con otra pregunta.
-          Maestro: ¿Y quiénes eran los reyes católicos?
-          Alumno: Melchor, Gaspar y Baltasar
El maestro, no se desanima y continúa en su empeño.
-          Maestro: ¿Y quiénes son los reyes magos?
-          Alumno: Susurrándole al oído del maestro: ¡Pero todavía no se ha enterado usted que los reyes magos son los padres!
El otro aspecto de la polémica, la tradición, es más grave si cabe. El biólogo evolutivo Richard Dawkins, escribió una carta a su hija de 10 años en la que le explicaba las “buenas y malas razones para creer” Entre las “buenas” le señalaba los conocimientos científicos que se basan en las evidencias que aporta la observación directa por nuestros sentidos o las pruebas que los demuestran mediante la experimentación propia o ajena. Entre las “malas” le advertía de la tradición, la autoridad y la revelación, como argumentos para aceptar una creencia, precisamente las “herramientas” utilizadas por las religiones para justificar sus creencias.
La tradición es la transmisión de creencias de los abuelos a los padres, de los padres a los hijos, y así sucesivamente, o mediante libros que se siguen leyendo durante siglos. Muchas cosas que los adultos les dicen son ciertas y se basan en evidencias, o, por lo menos en el sentido común. Pero si les dicen algo que sea falso, estúpido o incluso maligno, ¿cómo pueden evitar que el niño se lo crea también? ¿Y qué harán esos niños cuando lleguen a adultos? Pues seguro que contárselo a los niños de la siguiente generación. Y así, en cuanto la gente ha empezado a creerse una cosa -aunque sea completamente falsa y nunca existan razones para creérsela-, se puede seguir creyendo para siempre. Por ello me parece poco ético por parte de los adultos que se transmitan a los niños “creencias” sin haberlas pasado previamente por el filtro de los conocimientos científicos o, al menos, por el sentido común, ya que el cerebro del niño es una “máquina de aprender” y absorbe a modo de esponja toda la información que le llega, incluyendo mensajes tradicionales acerca de las personas y realidad de su entorno, su lenguaje, etc. siendo habitual que tiendan a creer todo lo que los adultos les dicen, sea cierto o falso, tengan razón o no, y como dice Dawkins, “el problema con la tradición es que, por muy antigua que sea una historia, es igual de cierta o de falsa que cuando se inventó la idea original. Si te inventas una historia que no es verdad, no se hará más verdadera porque se trasmita durante siglos, por muchos siglos que sean” y no podemos esperar que el niño seleccione la información correcta y útil, como las palabras del idioma y descarte la información falsa o estúpida, como creer en brujas, en diablos, en reyes magos y en vírgenes inmortales, pues lo que si nos dicen los estudios de neurociencia es que la zona del cerebro que se ocupa de lo que piensan o creen otras personas situada en la unión Temporo-Parietal derecha (RTPj) se desarrolla tardía y lentamente por lo que los niños no son capaces de comprender hasta alrededor de los cinco años la posibilidad de creencias falsas en los demás.
  Como ejemplo del disparate de algunas tradiciones tenemos una concreta como la de María, la madre de Jesús, que para los católicos era tan especial que no murió, sino que fue elevada al cielo con su cuerpo físico, este cuento se inventó 600 años después de su muerte y se convirtió en creencia oficial de la iglesia católica (dogma de fe) en 1950 por el Papa Pio XII, el cual utilizó la revelación y su autoridad (las otras dos malas razones) para justificarlo. En cambio otras tradiciones, también cristianas, discrepan y afirman que María murió como cualquier otra persona. De manera que nos encontramos con la paradoja de que, según la tradición, María está viva y en los cielos en la católica Irlanda del Sur y muerta en la protestante Irlanda del Norte. Situaciones como ésta son bastante frecuentes en las religiones, como creer en uno o varios dioses, en el cielo, en que Jesús no tuvo un padre humano, en que las oraciones son atendidas, en que el vino se transforma en sangre..., ninguna de estas creencias está respaldada por pruebas auténticas. Sin embargo, millones de personas las creen, posiblemente porque se les dijo que las creyeran cuando todavía eran suficientemente pequeñas como para creerse cualquier cosa.
    Lo paradójico es que todos afirman estar convencidos de tener razón, de que la suya es la verdadera y los otros están equivocados, hasta el extremo de estar dispuestos a matar y morir por ellas, algo que choca con el más elemental sentido común, que como sabemos “es el menos común de los sentidos”, de manera que cuando alguien nos diga que una cosa es verdad, sería conveniente aplicar una buena dosis de escepticismo y preguntarle por las pruebas que posee, y si no las puede aportar, deberíamos pensárnoslo dos veces antes de creer una sola palabra de lo que nos diga.

Córdoba 21 de enero de 2016


jueves, 7 de enero de 2016

El aquelarre del obispo

Con motivo de las fiestas navideñas el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, ha vuelto a alborotar a los parroquianos con sus declaraciones.
En esta ocasión el tema sobre el que ha enfocado sus “ilustrados conocimientos” ha sido la familia y la fecundación artificial, a la que ha calificado de “aquelarre químico”.
En su carta pastoral “Navidad y familia”, según publica el Diario Córdoba, dice: “…el hijo tiene derecho a proceder de una relación de amor entre sus padres, y nunca como fruto de un aquelarre químico de laboratorio”. En definitiva y para ser claros que los hijos deben ser consecuencia de un buen polvo amoroso entre los padres, algo en lo que seguramente todo el mundo estará de acuerdo con el Sr. obispo, sobre todo las parejas que recurren a la reproducción asistida, pues lo hacen, no porque hayan dejado de tener relaciones amorosas, sino porque a pesar de ello no consiguen engendrar al deseado hijo, motivo por el que acuden a los conocimientos y la tecnología que la ciencia (no la brujería) posee para ayudarles a alcanzar la paternidad.
Utilizar la palabra aquelarre para referirse a cualquiera de los métodos de reproducción asistida por parte de una autoridad de la iglesia católica, demuestra ignorancia, mala fe o ambas cosas, y desde luego una gran crueldad para con las parejas afectadas, pues el Sr. obispo debe saber, y seguro que lo sabe, que la institución que preside en nuestra ciudad utiliza ese término para referirse a una reunión de brujas y brujos para la realización de rituales y hechizos con los que se invoca y adora al demonio, el cual se presenta en forma de macho cabrío (de donde proviene la palabra de origen vasco aquelarre). Al margen de la valoración que cualquier persona con un mínimo de sentido común pueda otorgar a estas creencias, lamentablemente la iglesia católica se las ha tomado históricamente muy en serio y han servido de argumento para asesinar a miles de personas acusadas de realizar tales prácticas. Que una persona que se viste con un ridículo ropaje para realizar una serie de aspavientos, propios de la superchería de un hechicero o brujo de la antigüedad, mediante los cuales nos asegura convertir un trozo de pan en el cuerpo y la sangre de unas de las tres figuras divinas a las que dice adorar, señale como “hechos de brujería” a las técnicas de reproducción asistida resulta bastante irónico.
El Sr. obispo nos dice en su carta pastoral que “…todo tipo de fecundación artificial (inseminación artificial y anónima, fecundación in vitro homóloga o heteróloga) rompen esa armonía de la creación por la que los hijos vienen al mundo como personas, fruto de una relación personal de amor entre los padres”, y añade “…cuanto más varón sea el varón mejor para mi”, o sea que el varón debe ser cuanto más macho mejor, y  “cuanto más mujer y más femenina sea la mujer, mejor para todos en casa”, algo así como seductora, complaciente y fiel esposa y ama de casa. Al margen de las consideraciones que cada cual haga de esta forma de ver la pareja lo curioso resulta al comparar estas afirmaciones con la familia modelo que nos propone: La sagrada familia.
Nos dice en su carta que “la familia humana tiene como referencia a la comunidad trinitaria” “y un icono viviente de esa comunidad trinitaria es la santa familia de Nazaret, compuesta por Jesús, María y José”, la cual afirma que “se trata de una familia muy singular, pero es modelo para todas las familias…”
Efectivamente se trata de una familia muy singular, pues si nos acercamos a ella desprovistos de la ceguera que la ignorancia, la credulidad y la superchería produce en quienes están afectados por la fe religiosa, y le aplicamos la razón a la historia que nos cuentan, lo que vemos es una familia disfuncional compuesta por un hijo bastardo de un matrimonio donde no se practican las relaciones amorosas, aunque si la zoofilia, pues el padre natural es un ser divino que utiliza un espíritu en forma de paloma para fecundar a la adúltera madre, algo muy castigado, incluso con la muerte, por todas las religiones; y cuyo padre oficial, José, no parece que encaje bien en el perfil de “varón muy varón” ya que a pesar de estar casado con una bella y hermosa joven, ésta permanecía virgen hasta la intervención “divina” que la dejó embarazada. Aunque, para los crédulos, sería durante el periodo de Esponsales o Desposorio, en que cada esposo permanecía en su casa, que María halló que había concebido un hijo sin darse cuenta. Tampoco sale muy bien parado en cuanto a otras de las cualidades que todo varón debe tener en opinión del obispo de Córdoba cuando afirma “El varón es signo de fortaleza, representa la autoridad que ayuda a crecer”. Sinceramente no aparece ningún vestigio de autoridad en la figura de José por ninguna parte, más bien podemos decir que es un cero a la izquierda en esta familia trinitaria, y que las cualidades a resaltar serían la paciencia, tolerancia e ingenuidad, sino a cuento de qué se iba a creer que su mujer, con la que no tenía relaciones sexuales, se había quedado embarazada de un dios y para contárselo le envían a un ser andrógino del que le salen dos alas de la espalda, lo que seguramente le daba mucha verosimilitud al relato.
En definitiva que la familia modelo que nos propone es la antítesis del modelo de familia que nos recomienda, pues consta de un hijo que no es fruto de las relaciones amorosas de los padres, sino de la “intervención divina” sobre una joven casada aunque virgen, una madre que no parece que actúe como muy mujer y femenina en casa, al menos a lo que las “obligaciones conyugales” se refiere, y de un varón, lleno de virtudes, pues de lo contrario sería imposible esta historia, aunque dichas virtudes sean muy distintas a las que el obispo sugiere como idóneas.

A esto se le llama ver la paja en ojo ajeno y no la viga en el propio, y como suele decirse siempre habla quien más tiene que callar.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

¿Dónde está la izquierda?

Son muchas las razones que nos llevarían a preguntarnos ¿Dónde está la izquierda?, pero me limitaré a las más recientes: La agresión a la democracia en Grecia y el trato a los refugiados de la guerra en Siria.
Ante hechos tan graves como los ocurridos en Grecia y la incapacidad de las instituciones internacionales para poner fin a la guerra en Siria, con las dramáticas consecuencias para su población y la desidia, o lo que es peor, las conductas criminales en algunos casos(Hungría), con que los gobiernos europeos están tratando el problema de los refugiados, algunos echamos en falta una respuesta de opinión y de acción por parte de las organizaciones de izquierda, tanto internacional como nacional, que a modo de una gran cámara de resonancia permitiese al mundo hacer visible la denuncia, llegando a la raíz en ambas situaciones, no solo quedándose en la queja.                                                                                                                          Las situaciones anteriores y otras similares ponen en evidencia que la denominada izquierda tradicional, tanto si nos referimos a un cuerpo de pensamiento y espectro de ideas para conseguir una sociedad “mejor”,(entendida como aquella en la que se trabaje por hacer realidad tanto la Declaración Universal de los Derechos Humanos  como la Carta de la Tierra) como a una fuerza política organizada que intente llevarlo a cabo, no nos sirve.
Por ello se hace necesario en primer lugar “repensar la izquierda” para ponernos de acuerdo en donde está la esencia de su razón de ser , con unos criterios que nos permitan en primer lugar disponer de un “mensaje claro” que pueda ser asumido por quienes se identifiquen con esta posición y facilitar su difusión al resto del mundo y por otro lado poder testar cualquier línea de pensamiento o movimiento político a la hora de ser incluido o no con este calificativo de una manera objetiva, evitando las ambigüedades y confusiones que hoy contemplamos en el panorama ideológico y de partidos, como que el secretario general del Partido Socialista se autoproclame único candidato posible de “la izquierda” con capacidad de derrotar electoralmente a la derecha o que los mismos gobiernos, con sus presidentes a la cabeza, que apoyaron a Alemania en el chantaje y violación  a la democracia griega, aparezcan hoy en todos los informativos ante la masacre perpetrada en París, declarando su apoyo fervoroso a la democracia ante estos atentados terroristas ,al tiempo que trabajan para eliminar derechos y restringir libertades como la manera de “solucionar” esta situación, siendo incapaces de ir a la raíz del problema en el conflicto sirio y del fanatismo religioso como instrumento del que se vale.                                                                                                   Todos hemos sido testigos cómo mientras a la “derecha” (entiéndase en sentido amplio de poder económico y financiero además del ideológico) le interesó hacer presente a Grecia en nuestra mente para poder desarrollar su discurso del caos en el que se verán inmersos quienes no sigan sus recomendaciones neoliberales, padecimos un bombardeo permanente en todos los medios de “desinformación” nacionales e internacionales. Una vez conseguido su objetivo, Grecia dejó de existir. Sin embargo la “izquierda” ni tuvo la suficiente presencia en Europa mientras la democracia griega era aplastada,  ni la está teniendo después de que le hicieran claudicar. Desgraciadamente Grecia, no solo dejó de existir para la “derecha” una vez que ésta hubo triunfado en su misión, sino que también ha dejado de existir para la izquierda a pesar del daño a los valores democráticos y el sometimiento del pueblo griego a los intereses de los poderosos.
¿Qué es esencial para la izquierda?                                                                         Ser de izquierdas supone defender ciertos valores, que quedan bien resumidos en las palabras del activista sindical norteamericano  Henri Spira:
“Estar de parte del débil, no del poderoso; del oprimido, no del opresor; de la montura, no del jinete; actuar para intentar reducir la enorme cantidad de dolor y sufrimiento del mundo.                                                                  
Si nos encogemos de hombros ante el sufrimiento evitable de los débiles y los pobres, de los que están siendo explotados y despojados o de los que sencillamente no tienen nada para poder llevar una vida decente, no formamos parte de la izquierda”.
Estamos asistiendo a una eliminación del valor del concepto de izquierda política por quienes aspiran a ocupar este espacio, dándose una falta de ideario en la práctica política en el terreno de la izquierda. Se sustituyen los conceptos marxistas “capital/trabajadores “ por  “los de arriba/los de abajo” y se comete el mismo error de atribuir al hecho de encontrarse en una situación social concreta la determinación de su pensamiento ideológico.
Los determinantes de la conducta humana son múltiples, siendo la condición social uno de ellos sin que ello suponga necesariamente una relación causa efecto en la manera de pensar. Marx, en su VI Tesis sobre Feuerbach dijo: -“…la esencia del hombre no es una abstracción inherente a cada uno de los individuos. En esencia consiste en el conjunto de las relaciones sociales”- de esta creencia se sigue el alegato erróneo del pensamiento marxista que, si se puede cambiar  por completo el “conjunto de las relaciones sociales”, se puede cambiar toda la naturaleza humana.
La izquierda necesita un nuevo paradigma en el que se corrijan los errores del pensamiento marxista,  así como sus postulados utópicos (“De cada cual según su capacidad a cada cual según su necesidad”) que tras dos siglos de vigencia los hechos y los avances científicos han puesto de manifiesto; lo que nos lleva a la necesidad urgente por parte de la izquierda de ideas y enfoques nuevos y una forma de hacerlo es desde una aproximación al comportamiento social, político y económico de los seres humanos basada en una interpretación de la naturaleza humana con los conocimientos actuales de neurociencia y otras disciplinas científicas (genética de la conducta, psicología cognitiva, sociobiologia, antropología, etc.). Debemos empezar por asumir el hecho de que somos animales evolucionados por lo que llevamos el sello de nuestra herencia, no solo en la anatomía y el ADN, sino también en nuestra conducta. En definitiva se trata de desarrollar una izquierda en la que tendremos que incluir a  Darwin y sus ideas para que nos sirvan de complemento a la parte del pensamiento marxista que haya superado la criba del tiempo y de la ciencia, lo que por otra parte estaría en consonancia con las pretensiones del propio Marx que defendía un “socialismo científico” frente al “socialismo utópico”. Debemos superar la dicotomía marxista de que “El darwinismo es la ciencia de la evolución biológica y el marxismo la de la evolución social” tal como se afirma en la frase: “Darwin para la historia natural y Marx para la historia humana” y corregir a la teoría materialista de la historia según la cual la existencia social determina la conciencia; por lo que se concluye que la avaricia, el egoísmo, la ambición personal y la envidia son consecuencia de vivir en una sociedad con propiedad privada y con los medios de producción en manos privadas, lo que contrasta con el pensamiento darwiniano que considera que son aspectos inherentes a la naturaleza humana.
 Según propone, el filósofo y profesor de Ética, Peter Singer, una “izquierda darwiniana”:
-         -  Debe empezar por reconocer que fruto del proceso evolutivo existen una serie de caracteres o predisposiciones en la conducta humana que podíamos denominar “naturaleza humana”, la cual ni es inherentemente buena (Mito del buen salvaje) ni infinitamente maleable (Mito de la página en blanco o Tabla rasa), lo que permitirá saber más de ésta y en consecuencia adoptar las medidas políticas basándose en los mejores datos disponibles de cómo somos los seres humanos:
-          - Debe rechazar toda inferencia que deduzca  de lo que es “natural” lo que es correcto (racismo, autoritarismo/democracia);
-          - Que no debemos confiar en resolver todos los conflictos y rivalidades entre los seres humanos mediante la revolución política, el cambio social o la mejor educación, aspectos necesarios pero no suficientes, pues al margen de los sistemas sociales y económicos en los que vivamos, siempre habrá personas  que actuaran de forma competitiva con objeto de realzar su estatus, ganar posiciones de poder y/o mejorar los intereses propios y de sus familiares, y simultáneamente nos encontraremos con que la mayor parte de las personas responderán positivamente a las oportunidades autenticas de participar en formas de cooperación mutuamente beneficiosas. Por lo que el objetivo deberá estar en promover estructuras que estimulen la cooperación y no la competencia, y tratar de canalizar la competencia hacia objetivos socialmente deseables;
-          - Ni asumir que TODAS las desigualdades son consecuencia de la discriminación, la opresión, los prejuicios o el condicionamiento social. Algunas, o muchas, se deberán a estos factores, pero no debe presuponerse para todos los casos.
-          - Mantener los valores tradicionales de la izquierda, como ponerse de parte de los débiles, los pobres y los oprimidos, pero reflexionar cuidadosamente sobre qué cambios sociales y económicos los beneficiaran verdaderamente, no perdiendo de vista la necesidad de reciprocidad en las relaciones sociales y la dignidad de las personas.
-         -  Reconocer que la forma en que explotamos a los animales no humanos es una herencia de la cultura religiosa que exageró el abismo entre los humanos y los demás animales, procurando un mejor estatus moral para éstos y una visión menos antropocéntrica de nuestro dominio y explotación de la naturaleza. 
      Marx ha tenido, con razón, mucha influencia en las ciencias sociales al señalar los vínculos existentes entre la base económica de la sociedad y sus leyes, religión, política, filosofía y cultura,

haciendo añicos la ilusión de independencia de las ideas y la cultura, sin embargo hemos de integrarla en un cuadro mucho más amplio en el que se reconozca que esa influencia del modo de producción lo hace a través de los rasgos específicos de nuestra herencia biológica.